viernes, 24 de febrero de 2012

capítulo 2



Capítulo 2: Gracie.


  • Te quitaras los cascos al menos en clase – la voz de Cenh me llegó a través de la música rock que retumbaba en mis oídos y baje el volumen de Ipod para poder entenderlo.
  • Sí, claro – respondí y volví a enfundarme los cascos con aplomo y le diriguí una mirada de mal genio, yo y mi mal genio ¡que seriamos el uno sin el otro! Menos mal que la respuesta sonó mucho menos irónica de lo que pareció en mi mente.

Cenh, Ash, Jake, Nina y yo caminábamos rumbo al instituto, todos hablaban y reían mientras recorríamos las aceras de Cross Hall. No se lo que les hacía tanta gracia, en serio, todos iban informales pero al mismo tiempo elegantes, era extraño de explica, es decir, bueno, verás, Nina por ejemplo estaba ataviada con un vestido que le llegaba hasta las rodillas de color crema y su chaqueta ajustada a juego y tan juvenil que parecía una modelo con su pelo rubio recogido en una coleta alta y los chicos parecían estrellas de rock, no como los grupos que escucho pero algo así, iban con pantalones vaqueros rasgados y con camisetas oscuras y ese tipo de ropa les quedaba tan bien que levantaban suspiros pasaran por donde pasaran. En cambio yo había optado por dar mala impresión desde el primer día para dejar claro que no iba a llevarme bien con ningún ser del planeta y menos con un puñado de adolescentes. Así que si quería expresarme con mi ropa que mejor que lo que llevaba puesto: unos pantalones vaqueros anchos rozando el suelo, y mi sudadera abierta caía a los lados hasta mis rodillas dejando entrever una camiseta negra y la capucha enorme ocultaba la mayor parte de mi rostro los cascos negros sonaba a través de la tela gruesa de la sudadera y el Ipod descansaba en el bolsillo de mi pantalón. Todo esto en conjunto sobre mi menudo cuerpo me confería un aspecto de delincuencia pero no esa delincuencia de de quitarles caramelos a los niños o robar un par de dolares del bolso de tu abuela si no de que tu hobby sea matar conejitos y maltratar ancianos pero yo nunca he hecho ninguna de las dos cosas. He sido mala en mis docientos treinta dos años de vida pero de hay a matar conejitos y maltratar a ancianos era pasarse de cruel.

Miré a Nina, volvería locos a todos los chicos del instituto desde el primer día y no hablemos de los corazones que romperán los chicos; sobretodo Cenh .

Cenh era con el mejor chico de la familia que me llevaba sabía un poquito de mi historia pero solo un poco, apenas nada, al principio solo eramos nosotros dos, nos ayudábamos el uno al otro hasta que apareció Nina y luego los demás aún así nos seguíamos llevando de maravilla él era como mi hermano sobre protector, Ash era el infantil, Jake el impredecible, Nina la madura y yo la que pasaba de todo. Me gustaba ser esa chica que pasaba del tema e iba a su bola, así me sentía bien.

  • Casi hemos llegado ¿listos? - Nina clavó sus ojos en mí y yo asentí de un modo casi imperceptible – comportaos como mortales, no lo olvidéis.

¿Como se nos iba a olvidar? En fin, sería en plan ``hola, soy inmortal ¿sabes?´´ y contar con que al que se lo digas no te lleve de mano al psiquiatra y se lo trague. Suspiré y baje un poco el sonido de la música cuando crucé la esquina. Alcé la cabeza y me quedé petrificada, dios, era peor de lo que me había imaginado todo estaba lleno de adolescentes hormonados que reían demasiado alto y charlaban con voz demasiado potente para su edad y las chicas ¿cómo es que no tenían frío si iban prácticamente desnudas? Casi todas eran rubias pero las raíces decían que antes habían sido morenas. Traspasamos la verga y todo el mundo nos miró me sentí incómoda tanto bajo tantas miradas descaradas al máximo. Prefería una persecución de los Traidores a esta tortura y eso era ya decir mucho.

El edificio del instituto se alzaba imponente como un castillo desde los jardines que lo rodeaban, frente a nosotros había una escalera atestada de adolescentes mirándonos embobados y más allá estaba la entrada al edificio de bloques rojos al que tenía que entrar y pasarme horas ignorando al mundo, todos los presentes miraban a mis hermanos, los chicos y algunas chicas miraban a Nina con adoración y muchas chicas y unos cuantos chicos miraban a Cenh, Ash y Jake con expresiones que preferí no descifrar a mí todo el que me miraba apartaba la vista rápidamente por miedo a mis miradas fulminantes y a mi mueca de mal genio que no se veía a causa de la capucha. Subí el volumen de la música haciendo tronar al grupo que sonaba ahora que hablaba e insultaba a un actor que yo desconocía.

Seguí a los demás que subían la escalera como si fueran de la familia real sonriendo a todo el mundo, bueno sería normal, cinco adolescentes nuevos en un pueblo donde todo el mundo te conoce da que hablar ¿no? Me metí las manos en los bolsillos del pantalón y clavé mi mirada en el suelo.

  • La capucha – me susurró Nina cuando traspasamos el umbral en forma de arco de la entrada. Le leí a medias los labios y me acordé de que aun llevaba puesta la capucha.

Me quité los cascos y a continuación me sacudí la capucha que resbaló con soltura hasta mi cuello, todo el mundo que caminaba de acá para allá se giraron para mirarme y los que nos habían seguido desde las escaleras se quedaron boquiabiertos, al parecer no se esperaban que fuese una chica y menos con unos ojos tan femeninos o con el pelo tan corto e irregular. Los fulminé con la mirada a todos mientras me ponía los cascos de nuevo y subía el volumen lo justo para escuchar a través de ella. Nos dirigimos al mostrador de la derecha y dos mujeres tecleaban con afán en sus ordenadores, nos miraron un segundo, una siguió tecleando pero la otra bajita con el pelo castaño se puso en pie y nos tendió la mano uno por uno. Cuando llegó a mi dudé un momento y luego se la estreché secamente.

  • Me imagino que seréis los hermanos Hollie – sonrió.
  • Sí, exacto – respondió Cenh.
  • Ya tenemos vuestro horario preparado - rebuscó en un cajón y sacó un fajo de folios que puso sobre el teclado del ordenador – A ver... ¿Lucas, para el curso superior? - por un momento pensé que se había equivocado pero luego recordé que ese es el nombre que Cenh había escogido. Él se adelantó y cogió el papel que la mujer le tendía, ella lo miró con la boca abierta – que despiste el mío, me llamo Gretta – pero Cenh ya se alejaba por el pasillo a su primera clase. - ¿Kate para el último curso? - le arrebaté el papel a Gretta y le diriguí una mirada de despedida a los demás.

Nina agitó la mano y se giró esperando por su horario.

Me alejé de allí subiendo las escaleras justo cuando sonaba el timbre, dios mío a primera hora un lunes historia ¿por qué no nos clavan el lápiz si quieren hacernos sufrir? Historia la única asignatura que iba a aprobar por haber estado presente en más de un evento y yo lo relataría mejor que el libro, eso seguro.

En la segunda planta los ventanales derramaban los primeros rayos del sol sobre taquillas y adolescentes con cara de amargados por tener que entrar en la aulas a estudiar o lo que quiera que hagan hora tras hora, si no estudias es una pérdida de tiempo, al menos en mi opinión. Me acerqué al aula 209 donde el papel me informaba que era mi primera clase entré y me senté en uno de los últimos pupitres, Bajé el volumen de la música hasta que llegó el profesor después de lo que me parecieron un millón de alumnos humanos, ninguno se sentó en el pupitre contiguo al mío, supongo que por mi aspecto eso o que parecía que mi aura oscura los ahuyentaba.

La profesora Elisabeth entró con un mapa enorme enrollado bajo un brazo y lo colocó en el gancho que tenía la pizarra, supuse, para esos mapas. Luego nos saludó a todos con un ``buenos días´´ y empezó con la clase que iba de la separación de los estados europeos. Yo escuchaba ensimismada en mis pensamientos hasta que la profesora clavó sus ojos en mí, pensé que me haría una pregunta respecto al tema pero se limitó a mirar la lista de nombres sobre su mesa.

  • ¿Eres Kate Hollie? - me preguntó quitándose las gafas redondas.
  • Sí – contesté lo más seca e indiferente que pude.
  • Tengo un libro para ti, pensé que no habías venido y te acabo de ver – sonrió, tenía el aspecto de tener dieciocho pero tendría al rededor de los veinticinco, de todas maneras la superaba en edad.

Me levanté y bajé la cabeza mientras caminaba al centro de la clase, cogí el libro que me tendía y volví a mi sitio, escuché unas risitas y me giré a medio camino de mi sitio, la risa provenía de una chica rubia de pelo largo y ondulado y facciones de superioridad era la típica repelente popular, me miraba como si me retara a desafiarla me sonaba haber escuchado que se llamaba Courtney un nombre aún más típico que su actitud, le dediqué una mirada de asco y me senté de nuevo en mi sitio.

La hora se pasó lenta y perezosamente retorciéndose en los minutos sin querer detenerse sonó el timbre y me pareció la gloria aquel sonido estridente e indeterminado, cogí el libro de historia y lo tiré dentro de mi taquilla sin ningún cuidado. Suspiré y me apoyé en ella, necesitaba un respiro, al menos antes de segunda hora que tocaba física y química con Paul un nombre tan aburrido como la asignatura que enseñaba, en ese momento pensé que si la física y la química tenían un nombre personal sería Paul. Levanté la vista de mis enormes botas y mi mirada tropezó con la puerta del lavabo, justo el respiro que buscaba, sorteé a los alumnos y me deslicé dentro del lavabo y esperé a que tres chicas se sacaran una foto para apoyarme en los lavamanos antes de acharme agua fría en la cara y allí en medio del silencio escuche por primera vez los sollozos, alguien lloraba en el único cubículo cerrado, evidentemente se trataba de una chica. Debería haberme dado la vuelta e irme sin preocupación pero no podía, algo me retenía, quizá los jirones de mi desecha humanidad. Apreté los labios pero las palabras escaparon de mi boca.

  • ¿Hola? ¿hay alguien hay? - tan pronto como lo pregunté me sentí estúpida, claro que había alguien o si no tenía alucinaciones.

Los sollozos cesaron de golpe, dándome a entender que me metiera en mis asuntos pero al cabo de dos segundos la puerta del cubículo se abrió dejando paso a una chica incluso más pequeñita que yo, tenía los ojos azules hinchados de tanto llorar su melena pelirroja le caía en ondulaciones hasta mitad de la espalda, llevaba tejanos conjuntados con una camisa de manga larga y unas deportivas, no se parecía en nada a las otras chicas. Se secó las lágrimas con una de las mangas de la camisa y me miró con algo de miedo.

  • Lo siento – masculló, su voz era de un tono infantil y dulce.
  • Tu eres la que lloras y me pides a mi perdón, hay algo que no encaja – dije girándome para tenerla frente a frente - ¿te encuentras bien?
  • Sí, tranquila – se le escaparon varios sollozos – es que tendría que estar acostumbrada pero tengo días malos.
  • ¿Acostumbrada?
  • A los insultos y trastadas de las chicas pero...
  • ¿Qué? - pregunté perpleja, sentí que mi corazón volvía a latir - ¿Qué insultos? ¿qué trastadas?
  • Me llaman zanahoria o zorra por el pelo y luego me han tirado un chicle. – volvió a sollozar y bajó la cabeza por la vergüenza.
  • ¿Donde? - la ira comenzaba a brotar en mí ¿cómo podían hacerle eso a esta niña indefensa? Ellos tenían menos humanidad que yo.

La chica se señaló el pelo y vi el chicle enredado en uno de sus leves rizos, suspiré y la acerqué al lavamanos cogiendo un rollo de papel higiénico y me puse a la tarea de quitarle el chicle del pelo.

  • ¿Me estas ayudando?
  • ¿A ti que te parece...?
  • Gracie
  • ¿Pues a ti que te parece, Gracie?

Se quedó en silencio y yo me afané con el condenado chicle que se negaba a abandonar su pelo.

  • Oh, tengo una idea – se escapó un momento de mis manos dejándome con trozo de papel en la mano. Al poco sacó su mochila del cubículo y me dio unas tijeras. - corta.
  • ¿Segura? - pregunté mirando el mechón de pelo que le tendría que cortar.
  • Sí, vamos antes de que me arrepienta, por favor.

Sin más insistir le corté mitad del mechón y lo tiré a la papelera más cercana. Gracie era una buena persona y eso que solo había hablado con ella diez minutos ¿por qué demonios se metían con ella? Saltaba a la vista que era incapaz de matar a una mosca y era tan pequeñita que daban ganas de protegerla con tu vida.

  • muchísimas gracias, no se como agradecerte el favor.
  • No hace falta – le aseguré con una sonrisa un tanto forzada.
  • ¿Cómo te llamas?
  • Kate Hollie aunque puedes llamarme solo Kate.
  • Kate – cogió la mochila del suelo de baldosas blancas y se la colgó al hombro – gracias.
  • ¿No te cansas de decir todo el rato gracias? - le pregunté saliendo del lavabo con ella pisándome los talones.
  • Nunca me lo he planteado pero...
  • Eh – la corté – no hace falta que me digas nada era una pregunta retórica.
  • Ah, lo siento
  • Deja de pedir disculpas por todo lo que haces, eres tu quien sufre acoso escolar.

Gracie me miró y pestañeó ante mi comentario mientras andábamos por el largo pasillo, me sentía un tanto culpable por haber soltado el último comentario con tan poco tacto, bueno, no estoy acostumbrada a eso de dar rodeos y esas cosas, miré a Gracie por el rabillo del ojo y me sorprendí cuando vi su sonrisa y su mirada clavada en el suelo.

  • ¿Por qué sonríes?
  • Porque me has ayudado. - se encogió de hombros – nadie me ha ayudado desde el año pasado.
  • ¿Alguien te ayudaba el año pasado? - pregunté confusa - ¿y por qué ahora no?
  • Porque le dije que dejara de hacerlo.

Guardé silencio, no me gustaba indagar en el pasado de los demás tan poco como me gustaran que indagaran en el mío, así que cerré la boca y caminamos en silencio hasta la puerta de su clase.

  • Gracias por acompañarme.
  • No hay de qué.

Me giré para marcharme a mi clase pensando que me había pasado de amable con la chica y me juré que no volvería a pasar pero en ese momento la voz de Gracie llegó a mis oídos a través del pasillo.

  • ¿Nos veremos en la cafetería?

Me quedé un segundo más de lo necesario de espaldas y en silencio, finalmente me gire y la miré, ``debería decirle que no´´ me dije a mi misma. Abrí la boca para comunicarle mi rotunda negativa pero al parecer no estaba de acuerdo y lo que me salió fue.

  • Claro.

¡Así se hace! Dijo la voz irónica de mi cabeza, ``al parecer tienes una idea del no bastante alejada de la realidad´´ me reprendí mientras caminaba de nuevo hacia mi clase con la cabeza gacha y mi habitual mueca de mal genio. Llegué a la puerta del aula veinte minutos tarde, una parte de mi gritaba por lo que acababa de suceder y la otra indiferente a todo permanecía callada. Y yo no sabía que hacer si entrar y comerme el marrón de mi tardanza o irme a dar una vuelta por el patio hasta la hora del almuerzo y la verdad era que tenía ganas de largarme a casa más que ninguna de las opciones anteriores pero yo no me solía rendir fácilmente así que tendría que enfrentarme al sermón por llegar tarde, abrí la puerta interrumpiendo a Paul en medio de la explicación.

  • ¿Sabe usted la hora qué es? - me preguntó el profesor, ceñudo mientras la multitud de alumnos me miraban ausentes.

``He tenido siglos suficientes para aprenderlas´´ eso es lo que le hubiera contestado a cualquier otro inmortal pero dado que estábamos en frente de treinta humanos no iba a revelar nuestro secreto. No me sorprendió mucho que mi profesor Paul fuera inmortal me había encontrado con más inmortales que humanos así que uno más no me iba a escandalizar, también es verdad que ninguno de los otros miles de inmortales que conozco ejerce de profesor de física y química ¿a quién se le ocurriría? Estudiar durante siglos algo tan aburrido.

La expresión del profesor cambió al mirarme mejor, ya me había reconocido como uno de los suyos. Entre nosotros es fácil reconocernos ya que es una especie de sexto sentido... Es como si nacieras con un radar empotrado en el cerebro, por así decirlo.

  • ¿Cual es su nombre, señorita?
  • Kate Hollie.
  • Siéntese – me ordenó señalando un pupitre vacío de la segunda fila – espero que no haya una próxima vez.

Sonreí ante la cara incrédula de los alumnos pensando la reprimenda que les habría caído a ellos en mi caso, yo no tengo la culpa de que al tipo le caiga bien por el simple hecho de ser inmortal, fastidiense para nada son mortales. Me senté en el pupitre y me dediqué a mirar por la ventana de cuando en cuando o haciendo monigotes en mi cuaderno, el profesor me miraba más de lo sanamente permitido y algunas alumnas me miraban celosas, no me extrañaba, el profesor era alto, musculoso y bastante guapo aparentaba veintipocos pero por la expresión de sus ojos supuse que sobrepasaba los dos siglos de vida.

Cuando sonó el timbre me escaqueé de la clase y me pasé la tercera hora de matemáticas paseando por el aparcamiento sin ningunas ganas de volver a entrar pero en ese momento me sentí bien, es decir, sin ningún tipo de ataduras ni adolescentes por ninguna parte, podía hacerme un corte y que me sanara en unos cinco segundos sin miradas sorprendidas por todas partes. Los humanos son realmente muy fáciles de sorprender con unos cuantos trucos de magia y un tipo que sepa manejar a los perros se quedan contentos, como si nadie más en el planeta pudiera hacerlo. Si me hubiera dedicado mis dos siglos a amaestrar perros te aseguro que lo haría mejor pero no me he dedicado más que a irme de fiesta y huir tanto de las responsabilidades como de los lazos con los humanos y mi vida hasta ahora había estado lo mínimo bajo control, al menos eso creía. Estaba ensimismada en mis pensamientos cuando una voz los hizo volar en mil pedazos.

  • ¿Kate? - me giré para ver a Cenh frente a mí. - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en clase.
  • Lo sé, pero es que...
  • Vete a clase ahora mismo.
  • No.

Cenh se cruzó de brazos, ese gesto venía a significar ``no tienes remedio´´ o ``no se que hacer contigo´´ o cosas por el estilo pero yo me mantuve en mis trece, encima de que no quería venir no esperara que aguante matemáticas ¿verdad? Porque si de verdad se lo creyera sería muy gracioso ya que nunca he llegado a soportar bien esa asignatura y me negaba en rotundo, ya sabía lo básico; sumar, restar, multiplicar, dividir y hacer algunas ecuaciones, pero de hay no pasaba. No me gustaban, simplemente no las podía ver, era algo fácil de comprender.

  • Vale.
  • ¿Vale? - repetí sorprendida – ¿nada de ``si no te largas a clase veras lo que es bueno´´ o ``vale que tienes tu edad pero aquí no lo saben por lo tanto a clase´´ o cosas de hermano mayor?
    • Exacto, si no quieres ir no voy a obligarte ya me lo esperaba, llevo paseando por aquí desde hace un rato, sabía que vendrías.
    • ¿No deberías estar en clase, señor responsable?
    • Te recuerdo que soy de un curso superior. Puedo saltarme las clases cuando quiera y dado que es el primer día no creo que suponga ningún problema.
    • El primer día para ti, ellos ya están metidos de lleno en las clases te vas a atrasar.
    • Podría decirte lo mismo, Kate.
    • Pero no lo harás porque sabes que eso me pondría de mal humor.
    • Cierto. Y dios sabe que pagaría para no verte enfadada y pagaría aun más para no ser el causante de tu enfado.
    • Es una suerte que me conozcas tanto.

Dos siglos y pico de convivencia te ayudaban bastante en la tarea de conocer a una persona, recuerdo que en mis primeros años de inmortal Cenh, que en ese momento se llamaba Daniel, comenzó a gustarme pero pronto comprendí que era más cariño que otra cosa. Os voy a contar un pequeño secretillo sobre mí: en mis doscientos treinta y dos años no me he enamorado ni una sola vez. Y tu dirás, alguna vez te has tenido que enamorar, mujer, todo el mundo cae. Pues no, estuve hace unos treinta años colada por un tío también inmortal, naturalmente y salimos durante un año pero luego lo dejamos, perdón, me corrijo; Lo dejé. Simplemente me cansé y punto, de las relaciones te acabas cansando con los años pero de los rollos de una noche nunca te cansas, fijate que con mi aversión a los humanos me he acostado con unos cuantos, claro que siempre estaba lo suficiente borracha para no darme cuenta. Luego Nina me aclaraba las lagunas que me cagaban y todo encajaba, la buena de Nina siempre cuidándome. La verdad es que le debía mucho más que simples copas de agradecimiento, le debía como una casa en Marbella y un Ferrari del color que quisiera. Pero no tenía dinero para algo más que copas, se tendría que conformar.

  • ¿Cuánto tiempo piensas retenernos aquí? - pregunté después del breve silencio.
  • Yo no retengo a nadie, eres libre de irte cuando quieras.

Me quedé más sorprendida de lo que debería, sabía que tenía el derecho a irme cuando quisiera desde hace más de dos siglos pero yo los consideraba una familia, no podría dejarlos tan fácilmente y que lo dijera con una voz tan dura y fría me hizo ver que el pensaba igual que yo. Lo conocía tanto como el a mí por eso no iba a marcharme y el lo sabía mejor que nadie, pero claro que siempre dejaba abierta esa posibilidad.

  • Lo sé pero también sé que sabes que no lo haré.
  • Es una suerte que me conozcas tanto – dijo en tono burlón contrastando tanto con su tono anterior que pareció como si hubieras presionado el botón del ``buen humor´´

Lo miré con una sonrisa y justo en ese momento sonó el timbre, hora del almuerzo, es decir, más adolescentes por todas partes, suspiré y me metí las manos en los bolsillos y me puse los cascos.

  • Estaré comiendo con algunos chicos de mi clase en la cafetería si necesitas algo no dudes en decírmelo.
  • Lo sé, Cenh – sacudí la cabeza – es decir, Lucas.
  • Ya lo se, ese nombre no me pega, pero es lo que hay.

Se despidió con una mano y se alejó por el aparcamiento justo cuando los alumnos salían en grupitos de la puerta de la entrada. Le tocaba el turno de gritarme a Avril lavigne con su tema Together, mientras me dirigía a la cafetería. Vi a un montón de chicos y chicas morreándose por los pasillos, a otras maquillándose con un espejo de mano junto a la puerta, traspasé el umbral en forma de arco de la entrada y busqué la cafetería, finalmente di con una puerta doble cuadrada y normal de color azul desgastado abierta totalmente para dejar paso a adolescentes hambrientos.

Entré; todo estaba lleno de mesas que formaban un ancho pasillo que llevaba hasta el puesto de comida, me dispuse a ponerme en la cola pero vi que Nina me hacía señas y la descubrí sentada ya en una mesa con dos bandejas preparadas. Por dios, ¿cómo había llegado tan rápido? Me diriguí a ella y me senté a su lado aún un poco confusa.

  • ¿Qué tal las clases, Kate?
  • Aburridas – mascullé por toda respuesta, me resigné a quitarme los cascos y me los dejé colgando del cuello. - ¿Y las tuyas.?
  • Bastante bien – tuvo que alzar un poco la voz para hacerse oír por encima del barullo que se había formado.

De pronto vi entrar la pequeña figura de Gracie, con la cabeza gacha y pasando inadvertida hasta ponerse en la cola, después levantó la vista y me buscó con la mirada cuando sus ojos se cruzaron con los míos una sonrisa se desplegó en su rostro pero pronto desapareció y miró a los lados con miedo, como si tuviera prohibido sonreír en público.

  • ¿Quién es? - me preguntó Nina. - ¿una amiga?
  • No, ya sabes que yo no tengo nada con respecto a los humanos.
  • Pues creo que ella no piensa igual.
  • Es que, bueno, sufre acoso escolar y no puedo permitir que la toquen ¿vale? Me lo impide mi estúpida humanidad.
  • Me parece perfecto – Nina sonrió.
  • A mi no.

La cola había avanzado y Gracie ya aferraba una bandeja y escogía la comida, llenó la bandeja mayoritariamente de fruta y un plato de puré de patatas, se dio la vuelta y con la mirada clavada en la bandeja se encaminó hacia nuestra mesa, pero en ese momento entraron Courtney y sus tres amigas inseparables.`` Asquerosa víbora´´ pensé para mis adentros, no la soportaba porque me miraba por encima del hombro y se creía importante por ser la más popular.

Courtney pasó por el lado de Gracie, le dio un manotazo a su bandeja y se la estampó en la cara, la bandeja cayó al suelo y la cafetería se hundió en un silencio sepulcral, la cara de Gracie estaba manchada de puré, todo el mundo comenzó a reírse. La rabia pudo conmigo. Me levanté de un salto y estuve al lado de Gracie en dos enormes zancadas, me miraba con ojos llorosos y la sangre le brotaba del labio inferior.

  • Tú – grité señalando a Courtney – como vuelvas a tocarla te parto los dientes.

La cafetería se había sumido de nuevo en el silencio mientras contemplaban la escena, ella se giró y me miró, una expresión de sorpresa cruzó su rostro, al parecer no toleraba muy bien que alguien le amenazara con partirle los dientes.

  • ¿Tú y quien más? - se acercó, me sacaba una cabeza pero no me intimidaba ni un poquito, tenía dos siglos a mis espaldas ¿vale? Una niñata no iba a intimidarme, me había peleado con gente tres veces más musculosa que ella y había ganado. Con ella no me divertiría demasiado.
  • Con alguien como tú, me basto yo sola – me puse entre Gracie y ella protegiendo a Gracie con mi cuerpo.

Las tres amigas se pusieron junto a ella con expresión amenazante, si me peleaba con Courtney ellas no se meterían por nada del mundo, conocía a demasiadas personas falsas como para saber sus reacciones. Courtney me miró de hito en hito, y luego se rió.

  • ¿Y tú quien eres?
  • ¡Es mi hermana! - la voz furiosa de Cenh atravesó el silencio y todas nos giramos para ver como Cenh saltaba de una mesa y se acercaba a nosotras amenazante, cuando llegó me pasó un brazo sobre los hombros con gesto protector.
  • Lu-Lucas – tartamudeó ella, su expresión había cambiado a la incredulidad.
  • Ella es mi novia – dijo un chico enorme dos mesas más allá levantándose y viniendo hacia nosotros – si la tocas estas muerto.
  • Si le pones una mano encima a cualquiera de ellos tu estas muerto, imbécil – Jake y Ash se pusieron a nuestro lado. Nina se había acercado en algún momento y se había llevado a Gracie de allí, luego le daría las gracias.
  • ¿A quién has llamado imbécil? - el grandullón dio un paso hacia nosotros y todos se pusieron en guardia totalmente tensos.
  • ¡Basta! - una voz entre grave y aguda pero potente llegó desde la entrada de la cafetería.

Pensé que sería un profesor o el director pero no, solo era un chico, un chico bastante curioso: tenía el pelo castaño muy claro con destellos rubios ligeramente despeinado un poco más corto que el mío, sus ojos se me atojaron transparentes pues eran verdes pero tan flojo que se notaba que a la luz del cielo serían azules, todo dependía de donde estuviera para escoger el color de ojos. Era dos cabezas más alto que yo, lo cual vendría a ser un metro setenta y algo y su cuerpo no era muy musculoso, pero estaba bien moldeado, sus rasgos eran un tanto aniñados pero duros al mismo tiempo y ahora sus labios estaban crispados en una mueca de fastidio al acercarse al grupito que habíamos formado con nuestro numerito.

Courtney y su novio se lanzaron miradas de alarma y el grandullón retrocedió el paso que había dado.

  • Courtney, Ron – los llamó el chico - ¿es qué no podéis dejar de llamar la atención ni un segundo, joder?
  • Lo sentimos, Eidan – dijo Ron con la cabeza gacha.

¿Quién diablos era aquel chico? Con una sola frase los había acojonado a los dos. A lo mejor era experto en karate e iba dando palizas a los que se portaban mal. Estaba bueno eso saltaba a la vista, dios que si saltaba.

  • No me tenéis que pedir disculpas a mí – puntualizó aun con expresión cabreada
  • Por lo que me han dicho, Courtney te has vuelto a meter con Gracie ¿no hablemos ya de eso?
  • Sí, le pediré disculpas en cuanto la vea.

¿Dónde estaba ahora su superioridad? Me pregunté mientras una sonrisita curvaba mis labios en una sonrisa maliciosa, Cenh bajó la mano de mis hombros cuando vio la sumisión en esos dos, Jake y Ash se relajaron a mi lado al ver todo bajo control.

  • Siento que os hayáis visto envueltos en esto vuestro primer día – dijo Eidan más calmado diriguiéndose hacia nosotros. Su forma de hablar con ese tono educado distaba bastante de su forma de vestir; camiseta negra, vaqueros negros y botas de motorista negras le quedaba de muerte la ropa negra ya que contrastaba con su pelo, resaltaba sus ojos y hacía más visible su piel casi traslucida, exactamente igual que la mía.
  • No te preocupes, tío – Ash le tendió la mano en gesto amistoso, Eidan se la estrechó no muy convencido, en cierto aspecto me recordaba a mí aunque yo no era tan imponente ni rezumaba autoridad por cada poro.

Toda la cafetería volvió a lo suyo cuando Courtney y Ron se hubieron sentado. Cenh le dirigió una última mirada a Eidan antes de marcharse de nuevo a su mesa y yo me dispuse a volver a la mía pero unos dedos fuertes agarraron con suavidad mi muñeca haciéndome retroceder un paso.

  • Gracias – Eidan me miró a los ojos con firmeza. - me han comentado que fuiste tú quien defendió a Gracie, llevo dos años intentando protegerla pero se niega.

Así que era él quien la protegía hace un año, me llenó de rabia, es decir, se veía que pasaba de ella, en dos horas le habían pegado un chicle en el pelo y le habían echo sangre en el labio ¿Y el se encargaba de protegerla? Menuda trola.

  • Pues se ve, que no lo estas haciendo bien – de un tirón me desembaracé de su mano.
  • ¿Disculpa? - me miró incrédulo – llevas aquí un día, eso no te da derecho a hablar .
  • En un día me la he encontrado dos veces en apuros pero tu no estabas en ninguna parte, excepto ahora que te han llamado pero si no lo hubieran echo te aseguro de que no te habrías pasado por aquí, haber si tu ``protegida´´ se encontraba bien.

Abrió y cerró la boca sin ninguna respuesta recurrente que darme así que simplemente se alejó con la mandíbula apretada y dando zancadas enormes hacia la salida. Ceñuda me senté en la mesa a esperar a Nina y Gracie.

Nadie se metería con Gracie estando yo, ni en broma, no iba a dejar que la maltrataran más y si el juramento que me hice se rompe que se rompa, solo con ella, pero ¿qué pasaría cuando muriese? Pensé, las dudas comenzaron a inundarme la mente y el miedo me atravesó como un golpe sordo, tener una amistad con una humana era peligroso porque son tan frágiles y fáciles de matar que no tener control sobre eso nos hace sentir vulnerables. Eso si lo peor que te puede pasar es enamorarte de un humano, eso sin duda sí que era peor que la amistad, Nina me había contado cientos de veces esa historia de amor pero siempre conseguía que contuviera las lágrimas para no llorar, mi historia era un poco más fuerte que la de ella pero no podía evitar ponerme sentimental cuando la contaba y la narraba de tal forma que te parecía estar allí.

Apoyé los codos sobre la mesa y me enfundé de nuevo los cascos, olvidándome de todo.








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