jueves, 1 de marzo de 2012

capítulo 3


Capítulo 3: ¡Cerdos!


Gracie y Nina volvieron del lavabo, que era donde habían estado limpiando la sangre y el puré de la cara de Gracie. Yo estaba tan absorta en la música que no me percaté de su llegada hasta que se sentaron frente a mí y Gracie me sonrió. Me quité los cascos, deslicé la mano hasta mi bolsillo y apagué el Ipod para poder escuchar algo que no fueran los estridentes chillidos que tanto me gustaban.

  • ¿Estás bien? - le pregunté a Gracie.

Ella se inclinó sobre la mesa. La veía diferente: tenía más color, no sé, era como si hubiese estado atada en un gris mortecino y ahora resaltaba con más color, sus mejillas estaban teñidas por un leve rubor y sonreía más de lo habitual.

  • Perfectamente, gracias Kate.
  • No hay de qué – repuse un tanto confusa por su cambio radical y más que notable, al menos para mí, sin embargo seguía siendo la misma chica que había rescatado en el lavabo aquella mañana. Aún seguía teniendo doscientos y pico años menos que yo.
  • Bueno, por fin la pelea a acabado – Nina apoyó la cabeza en su mano – nos hemos enterado por el pasillo que al final no ha habido pelea por un tal...¿Eidan? ¿se llamaba así?
  • Sí, Eidan – asintió Gracie.
  • ¿Quién demonios es? - todavía estaba aturdida por el efecto autoritario que ejercía en los demás, y la asombrosa trola que intentó colarme.
  • Es el hijo de la directora, y tiene mucha influencia sobre todos, además se ha ganado el respeto a pulso. Es el más respetado de todos los que estamos aquí – Gracie hablaba agachando la cabeza como si temiera que alguien la pudiera oír hablando de él.

No sé por qué me parecía que Gracie escondía algo, sus palabras no eran del todo sinceras, por un momento se me pasó por la cabeza preguntarle pero rechacé la idea, yo nunca he sido una cotilla y no iba a empezar a hacerlo ahora, así que cerré la boca y seguí escuchando. La imagen de ese chico se aferraba a mi cabeza, era demasiado guapo y la autoridad que ejercía me resultaba irritante, pero aún así no se mostraba creído, ni mucho menos. Sacudí la cabeza ``es solo un humano más, tan solo limitate a ignorarlo ¿vale? Ignorar lo sueles hacer bien ´´ cierto ignorar era lo mejor que se me daba en todas la épocas, es un encanto natural, se nace con ello.

  • ¿Os conocíais? – la voz de Nina rompió el hilo de mis pensamientos, al parecer a Nina también le habían sonado sospechosas sus palabras pero a diferencia de mí, ella si que era una cotilla.
  • No... para nada – la voz de Gracie se quebró en la última palabra.

Vamos, que si que se conocían ¿por qué lo ocultaba? ¿es qué se habían enrollado? Me imaginé a Gracie en manos de Eidan pero la imagen no acabó de tomar forma era más como una pintura desgastada que cualquier otra cosa. Bostecé decidida a olvidarme de todo el asunto de Eidan, Courtney y Ron y sobretodo de las palabras de Gracie, estaba claro que no quería contarlo, tendría sus razones, supongo que al igual que yo con respecto a mí pasado, apoyé la cabeza sobre mi brazo.

  • Por cierto, en el Fall Hall hacen descuento mañana ¿qué os parece si vamos? - comentó Gracie cambiando de tema rápidamente, si pretendía que no lo notáramos la llevaba clara porque disimulaba fatal y Nina y yo eramos infalibles para los cambios de tema.
  • ¿Qué es eso? - pregunté desganada pensando en cualquier tienda de ropa.
  • El parque de atracciones.
  • ¡Parece divertido! - exclamó Nina mirándome.
  • Sí, suena estupendo – dije con un cambio de humos preocupante del sopor al entusiasmo repentino. Debería ir al psicólogo para que me lo miraran.
  • ¿Entonces, queréis venir?
  • Claro que iremos, Gracie.
  • Allí estaremos, dalo por hecho.

El parque de atracciones o Fall Hall era justo lo que necesitaba, dios, solo llevaba un día en el instituto y ya anhelaba un descanso, en un mes necesitaría un viaje si seguía a este ritmo de coger estrés por pijas repipis.

Sonó la campana y me hundí en mi asiento, no tenía ganas ninguna de volver a las clases, quería largarme ¿lo he dicho ya? Quería aislarme de todo eso, quería que mi mente no pensara, quería a Courtney lejos de Gracie y quería estar montada en la montaña rusa sintiendo la adrenalina por todo mi cuerpecito, espera ¿y si no me dejaban montar por mi altura? No, no era posible. Seguro que no, me aferré a esa esperanza mientras me ponía de pie y me situaba junto a Gracie que hablaba animadamente con Nina de las atracciones que habían.

Courtney pasó por mi lado y me echó una miradita de desprecio yo se la devolví cargada de veneno, el suficiente para matar a un elefante, así que deja volar tu imaginación. Subí las escaleras y nos despedimos de Nina en la primera planta ya que a ella le tocaba dibujo artístico, le encantaba dibujar y era muy buena, me encantaban sus pinturas, a lo largo de los años me había echo y dedicado muchísimos cuadros que tengo guardados como oro en paño en mi armario. Suelo mirarlos a menudo sobretodo cuando no paro de pensar y no quiero hacerlo. Me sirven como distracción y como bálsamo pues son tan hermosos que no puedes evitar mirarlos embobada.

Me diriguí a donde el papel me dictaba, si la escena hubiera sido exageradamente cómica el papel actuaria de dios y yo como plebeya. En serio, sin el dichoso papelito no había camino para mí, era como mi chuleta particular.

Aula 221. Francés, oh, vaya Francés se me iba a dar de maravilla pues en 1830 había vivido en Francia con todos los demás. En esa época Francia retomaba la conquista de Argelia... Bueno, que había vivido en Francia durante veinticinco años y obviamente conocía el idioma, bueno más conocerlo lo escribía y hablaba como una nativa, nada del otro jueves... Otra asignatura que iba a aprobar sin apenas esfuerzo, esto del instituto no parecía tan difícil al menos para una inmortal con más de doscientos años que repelía las mates.

Gracie se dirigió a su taquilla con la vista clavada en el piso y expresión preocupada.

  • ¿Qué te ocurre? - pregunté al ver su cara de angustia. De alguna forma Gracie se había convertido en mi protegida y yo era su protectora, caminaba a su lado con gesto posesivo y vengativo con el efecto de una aura que decía ``si te acercas date por muerto´´ y eso me gustaba y me irritaba a la vez por haber sucumbido tan rápido a los humanos. Debería haber resistido más pero desde que escuché los sollozos de Gracie por primera vez en el baño supe que no sería así. - tienes una cara que da pena.
  • Es por Francés.
  • Veo que te entusiasma la asignatura – repuse sarcástica.

Ella desplegó un sonrisa entre tímida y temblorosa. Se encogió de hombros.

  • No es que no me guste; el idioma en sí me parece interesante y bonito pero lo que no me gusta es el profesor.
  • ¿El profesor? - hice una mueca, los profesores nunca llegaban a caerme del todo bien, de pronto la imagen del profesor Paul voló hasta mi mente y un cartel de neón al lado rezaba: Inmortal, claro que en mi mente el profesor no llevaba camisa y sus duros músculos del pecho lucían un bronceado natural. ¿Es mi mente, no? Puedo hacer lo que me de la gana.
  • Sí, el profesor Augusto Dimt, me tiene manía pero no se por qué.
  • ¿Manía? Los profesores son malos pero no creo que lleguen hasta tal punto y menos contigo, es un adulto no puede meterse con una alumna delante de toda una clase llena de gente y menos teniendo este aspecto que dice a gritos ``vulnerable´´

Gracie volvió a sonreír, con libro de Francés en mano cerró la taquilla y nos encaminamos a clase sin cruzar una sola palabra más, me pregunte si se habría enfadado por algo pero no me apetecía preguntarle en ese momento y tampoco quería presionarla a hablar si necesitaba silencio así que mantuve el pico cerrado.

Entramos en clase, era una clase como todas las demás: pupitres, sillas, adolescentes, ruido y todo el rollo ese, bueno la cuestión es que además de todo eso un proyector colgaba del techo pero no estaba encendido y señalaba hacia la pizarra como una flecha inerte, arriba de la superficie negra una especie de cuerda de metal fino colgaba unos pocos centímetros. Supuse que si tirabas de ella arrastrarías una superficie de papel duro blanco para poder ver alguna película o lo que sea que se viera ahí.

Nos sentamos en la penúltima fila, me apoyé en la mesa dispuesta a dormir un rato, no tenía por qué prestar atención, yo ya conocía el idioma a la perfección, conocía tanto el Francés académico como el Francés callejero, tacos incluidos.

Escuché que la puerta se cerraba pero no me molesté en levantar mi cabeza hundida en la tela negra de la sudadera que me cubría los brazos, estuve a punto de encasquetarme los cascos pero deseché la idea, quería ver si Gracie tenía razón y el tal Augusto se metía con ella. ``Augusto´´ pensé, cuando vivía en Francia solían tener nombres como ese pero no se por qué me parece mucho más ridículo en esta época, es decir, en el siglo XXI uno no podía llevar nombres de siglos pasados, de hay viene el constante cambio de nombre en los inmortales, no lo hacemos por aburrimiento o por capricho aunque también podría ser el caso. Es imposible llevar el mismo nombre que (en mi caso) 1779, sería como algo fuera de lugar y los inmortales tenemos la costumbre de vivir sin llamar mucho la atención y con un nombre de un par de siglos atrás destacarías, por lo que ``¡cambio de nombre!´´ y claro no puede ser muy creativo porque entonces tendría el mismo efecto tienen que ser nombre comunes, mira el mío sin ir más lejos: Kate. Un millón de chicas se llaman Kate y me gusta el nombre.

Volví en mí cuando escuché al tal Augusto hablando el perfecto Francés académico contuve un par de carcajadas al ver que pronunciaba mal un par de palabras, de tan perfecto que quería ser llegaba al extremo de alargar sílabas que no debía y acortar otras que debería dar una entonación diferente para el efecto deseado.

Suspiré con los ojos cerrados y me dispuse a dejarme a manos del sueño pero sentí que alguien tocaba a la puerta y segundos después irrumpía en la clase, quién quiera que fuere. Las dos chicas del atrás se deshicieron en suspiros y frases poco apropiadas para niñas de su edad. No tenía ganas de levantar la cabeza así que no lo hice, no me importaba quien acabara de entrar pero al perecer las chicas agradecían su presencia me pregunté que clase de chico sería. Entonces el profesor dejó el Francés a un lado y habló:

  • Eidan Heis, ¿cree qué estas son horas de llegar?
  • Tenía un par de asuntos que atender, siento la tardanza.

Abrí los ojos violentamente ``ese tipejo´´ pensé con irritación, me negué en rotundo a levantar la cabeza pero una parte de mí se moría por admirar semejante cuerpazo claro que mi determinación, al menos, en este asunto era mayor e hice caso omiso a mi parte pervertida.

  • Siéntese, espero que no vuelva a ocurrir.
  • No volverá a pasar – aseguró él mientras su voz se balanceaba de aquí para allá hasta que el sonido de una silla me comunicó que se había sentado dos filas por delante de nosotras, en ese momento me dí cuenta de la tensión de Gracie. Tenía los músculos agarrotados y desprendía, eso, tensión.

Levanté la cabeza lo justo para mirar su rostro crispado.

  • Bien – el profesor carraspeó, aclarándose la garganta – Gracie Bloom, venga aquí.
  • Sí, señor Dimt - observé como le temblaban las manos cuando se levantó y un sentimiento de protección se abalanzó sobre mí, pude controlarlo pero estuve bien atenta.
  • Señorita Bloom podría describirme en Francés los muebles que tiene su... Sala de estar, por ejemplo.

Gracie empezó a hablar pero Augusto la interrumpía a cada palabra para corregirla, eso era normal pero, es que, hasta la corregía cuando lo decía bien, y cada vez que la corregía sonaban risitas aquí y allá. Al cabo de unos segundos el profesor se pasó de la raya. Tenía los ojos abiertos de para en par y miraba a Gracie con desaprobación y pagó sus problemas con ella.

  • ¡Eres una verdadera inútil! - despotricó en Francés, claro - ¡nunca llegaras a nada!

Levanté la cabeza y vi a Gracie agarrándose el borde de la camisa con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos e intentaba contener las lágrimas que asomaban a sus ojos azules cuando vino a sentarse.

  • Bien seguiremos... - el profesor soltó un hondo suspiro, calmándose.

Me erguí en la silla y solté un improperio en Francés, el improperio más sucio que me vino a la cabeza, el profesor paró en seco y buscó a la responsable con la mirada pero cuando llegó a mí paso de largo.

  • ¿Quién ha sido? - gruñó.
  • He sido yo – estampé con violencia mis palmas sobre la masa y empujé la silla poniéndome en pie.

Augusto me miró sin comprender quien era hasta que consultó su lista.

  • Kate Hollie – pronunció mi nombre como si supiera que le iba a dar problemas – es tu primer día aquí y ya le gusta llamar la atención.

  • No me gusta llamar la atención tanto como usted humillar a alumnas indefensas. - todo el mundo me miraba perplejo pues esto lo había dicho en un Francés tan suelto y natural que parecía una nativa. Casi era verdad.

El profesor me miró con estupefacción y luego sacó un pañuelo de seda blanco del bolsillo y se secó el sudor que le perlaba su ancha frente.

  • Es usted Francesa – no era una pregunta.
  • No, no lo soy – repuse, ambos estábamos hablando en el idioma extranjero y la clase nos miraba embobados intentando descifrar algo. - y tú tampoco.

Lo tuteé, no iba a respetar a un cerdo semejante.

  • Por favor, siéntese y deje de dar problemas.
  • ¿Problemas? Estoy dando problemas ¿qué problema tienes tú con ella? - señalé a Gracie con un movimiento de cabeza casi imperceptible.
  • Ninguno pero... - el profesor se pasó la mano por la boca. Sabía perfectamente en el lío que se había metido si me chivaba a la directora y le contaba eso y lo demostraba lo echarían a la calle como agua sucia. Yo nunca he sido una chivata, claro que él no lo sabía.
  • ¿Entonces por qué demonios la humillas? ¿es qué así te sienten bien? - le lanzaba preguntas sin tiempo a que me contestara para hacerle sentir presión – atiéndeme el inútil y el que nunca llegó a nada eres tú.

Augusto me miró con los ojos como platos y apretó la mandíbula.

  • Por cierto – dije esta vez en el idioma habitual – tiene que darme el libro, señor.
  • Claro – contestó aun un poco aturdido – acérquese, por favor.

Me deslicé por entre las mesas hasta llegar al profesor que me hizo firmar un papelito y salió del aula para buscar mis libros.

  • Te has pasado – sonó una voz a mi espalda, no tuve que girarme para saber de quien provenía esa voz aniñada pero adulta y gutural al mismo tiempo, el pesado de turno: señoras y señores con todos ustedes Eidan Heis. - ¿no te parece?
  • No, no me lo parece para nada – volví la cabeza lo justo para ver los destellos dorados de su pelo, luego le di la espalda de nuevo.
  • A mí me parece que sí.
  • Me da lo mismo lo que a ti te parezca, llama a tu mami si quieres para que me castigue por ser mala – lo dije con sorna.

No lo veía pero sabía que estaba mirándome. Sentía que su mirada me taladraba la nuca, allí donde mi pelo todavía no llegaba tenía clavada su mirada penetrante, me sentí incómoda pero no hice nada.

El profesor llegó en ese momento con mi libro, me lo tendió casi sin mirarme y volví a mi sitio satisfecha de haber dejado sin palabras a dos cerdos en una hora.

Me pasé el resto de la hora dormida, literalmente me dormí poco después de que Gracie me susurrara las gracias y me diera un torpe abrazo por mi mala postura, tirada sobre la mesa. Cuando conseguí dar una pequeña cabezadita, casi muriéndome del sueño, sonó el timbre que lo maldecí hasta lo más profundo de mi alma.

Cogí el libro de Francés mientras Gracie se colgaba la maleta al hombro y me miraba con un brillo en los ojos, sonreí sin poder evitarlo. Gracie era un encanto. Me parecía inhumano que hasta los profesores se metieran con ella ¡hasta los profes! ¿te lo puedes creer? Yo tampoco.

Cuando iba a cruzar la puerta alguien me dio un tirón el la capucha de la sudadera, no fue un tirón brusco, no me dolió ni nada de eso, pero si me molestó de tan sutil que fue. Me giré para encontrarme con un par de ojos verdes, casi transparentes. Otra vez... ¿que le pasaba a ese chico?

  • Creo que deberías disculparte – me sugirió.

Gracie, al escuchar su voz se giró bruscamente y al verlo tan cerca se alejó casi sin mirar atrás, el profesor salió del aula y nos dejó solos. Bien, así podría arrancarle los ojos si me ponía histérica. Cosa que hasta ahora se le daba de maravilla.

  • Mira, tío – suspiré – no sabes lo que paso ¿vale? No sabes lo que le dijo y si lo sabías y no hiciste nada eres un verdadero cerdo por permitirlo.
  • No sé lo que dijo, y también sé que parecía un demente cuando le gritó a Gracie pero nadie merece que lo dejen pálido y apático, como tú hiciste.
  • Te aseguro que el sí que lo merecía.

Me giré para marcharme pero su voz me retuvo.

  • ¿Qué le dijo?
  • Lo siento, pero no se lo voy a decir al hijo de la directora – me negué a girarme y apreciar como su ropa negra resaltaba su palidez y sus ojos.
  • ¿Por qué no? En fin, si se lo merece podría intervenir para...
  • No quiero que intervengas, ni que lo echen ni nada, solo quería espantarlo un poquito ¿de acuerdo? - ``señor no sonrío ni de broma´´ pensé para mis adentros. - además, nunca he sido buena en eso de chivarme.

Y antes de que pudiera decir nada más salí del aula dejándolo con la palabra en la boca.
























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