Capítulo 4: Mi batido de chocolate.
- ¿Qué quieres decir con eso
de que es inmortal?
La voz de Nina se coló entre la maraña de pensamientos enredados que intentaba ordenar en el fondo de mi cabeza, sin mucho éxito la verdad. Esa pregunta me arrancó una sonrisa irónica, con preguntas así ¿quién no sería sarcástico? Me vinieron algo así como diez respuestas irónicas, dos de ellas maliciosas, pero las deseché. Demasiado fácil para resultar divertido.
- Pues eso, que no muere por
cualquier cosa.
- No sé de quien se trata –
repuso Cenh, pensativo.
- Ya te lo enseñaré.
Nina, Cenh y yo nos encontrábamos caminando calle abajo para llegar a la cita con Gracie a las ocho y ya solo faltaban seis minutos para la hora. La verdad es que habíamos salido tarde por mi culpa, nunca he sido puntual... Nunca. Si me dijeran que tendría que morir a las cuatro moriría a las cinco, solo por mi falta de puntualidad.
Les acababa de soltar la noticia de que mi profe de física y química era inmortal. El profesor Paul, tan alto, tan guapo y tan aburrido explicando los reajustes de ecuaciones químicas. Tendría entre los trecientos y trecientos cincuenta años de edad inmortal, o sea todo un viejo. Nina no se lo podía creer y a Cenh casi se le salen los ojos de las órbitas cuando se los dije con tanta despreocupación como si les estuviera hablando del perro del vecino, que, por cierto se llama Pluffie y es una monada. A los perros siempre hay que tenerlos en cuenta.
- Pero, ¿por qué no me dijiste
nada mientras estábamos en el instituto? - me dijo Nina en tono de
reproche – podría haber hablado con él.
- Se me fue de la cabeza –
resoplé – tengo otras cosas en las que pensar ¿sabes?
- ¿En serio? - suspiró
exageradamente – A ver, Kate esto es importante ¿vale? No
esperábamos encontrarnos a un inmortal en el lugar más recóndito
de la tierra.
- ¿Recóndito? - repetí
perpleja – recóndito sería una tribu del Amazonas, no un
pueblucho con parque temático.
- Déjenlo ya, chicas – nos
tranquilizó Cenh. - no vamos a discutir nuestra noche de descanso.
Además Gracie se sentirá incomoda si nota tensión en el ambiente.
Me calmé un poco al escuchar el nombre de Gracie. Estamos a dos minutos de su casa donde iremos a recogerla para ir a pasar unas horas en el parque temático Fall Hall, al parecer los martes tenían ofertas. Yo le había tenido que pedir dinero a Ash ya que mis ahorros habían desaparecido al comprarme cuatro pares de Holl Star negras y dos sudaderas de marca del mismo color a juego con las zapatillas.
Cruzamos la esquina y divisé la casa de Gracie a unos tres metros, Nina me sonrió con una disculpa en la mirada y yo le devolví la sonrisa más franca que pude. Cenh se me acercó y me puso una mano sobre los hombros.
- ¿Te montarás conmigo en la
noria?
- En la noria y en todas las
demás atracciones – mi cuerpo se estremeció de emoción ante la
expectativa de adrenalina pura esta noche. No pude evitar que una
sonrisa descarada se apoderara de mis labios.
- Esa es mi Kate.
- Es aquí – Nina se giró lo
suficiente para mirarnos.
La casa de Gracie era bastante más grande que las del resto de Cross Hall, se notaba que su familia era rica, al menos por esta zona. Nunca le había preguntado a Gracie si sus padres estaban al corriente de lo que le sucedía en el instituto pero estaba claro que si lo sabía poco habían echo para solucionarlo.
Nina parecía flotar cuando subió con agilidad los cuatro peldaños del porche. Estaba demasiado guapa para ir a un parque de atracciones tan cutre como aquel, bueno estaba demasiado guapa para ir a cualquier parque de atracciones y punto parecía recién sacada de un anuncio de perfume caro: vestía unos pantalones blancos ceñidos y una camiseta color melocotón de manga larga resaltaba sus insinuantes curvas, sus botas beis tenían un mini tacón que hacían que su metro setenta subiera al setenta y dos se había recogido su larga melena rubia en dos coletas que le prestaban tanto un aspecto infantil como provocativo.
Cenh, en cambio, parecía estar sacado de unas de esas pelis en el que el chico malo es el que más mola, bien pues Cenh era el chico malo y por consiguiente el que más molaba y el que más bueno estaba, sin lugar a dudas: Llevaba unos pantalones baqueros negros con una camiseta negra y una chupa de cuero que le había pedido más de una vez en noches de fiesta con sus botas de motorista, le sentaba de maravilla esa pinta de chico malo. Siempre le había sentado bien. Te aseguro que si Cenh y yo no nos hubiéramos conocido a mis diez años hubiéramos tenido muchas noches para nosotros.
Subí las escaleras del porche y me senté en una de las sillas acolchadas que estaban al rededor de una mesa de plástico, yo distaba mucho de esos dos, si me tuvieran que haber sacado de algo, estoy segura de que hubiera sido de unos de esos programas para adolescentes descarrilados sin futuro: estaba ataviada con unos pantalones cortos y medias negras con las Holl Star que me llegaban hasta los tobillos y, como no, una de las sudaderas nuevas abiertas con la cremallera rozándome las rodillas dejando entrever una camiseta holgada con la frase ``Dark night, dark heart´´ en letras negras contrastando con el gris plomizo de la camisa. La capucha me ocultaba mi pelo corto e irregular.
Nina tocó el timbre y el pitido formó eco en el enorme caserón, pasos apresurados se aproximaron a la puerta una mujer alta con el pelo rojizo y los ojos grises nos abrió la puerta, sonrió al vernos.
- Supongo que ustedes seréis
los amigos de Gracie – una enorme ternura se desbordaba de sus
ojos – me alegro tanto, nunca había traído amigos a casa. Pasad,
ya casi esta lista.
- Con su permiso, señora Bloom
– Nina había adquirido ese acento suyo de niña responsable y
cuidadosa mientras entraba en la casa.
- Gracias – Cenh había optado
por su tono acostumbrado pero acabado en una sonrisa de mil vatios
la señorita Bloom lo miró medio segundo más del necesario, claro,
pobre mujer añorando tiempos tan jóvenes. La verdad es que a ella
se la podría tomar fácilmente por una chica de dieciocho si no
fueran por las leves arrugitas de alrededor de los ojos creadas por
el estrés acumulado.
Yo no dije nada y me limité a quitarme la capucha, la señorita Bloom me miró con curiosidad.
- Tú debes de ser Kate – me
dijo cuando entramos en la salita de estar.
- Sí, señora – respondí con
sequedad.
- Oh, no me llames señora, me
hace sentir más mayor de lo que soy – sonrió inocente y alegre
– llamame Honey.
Su sonrisa se parecía muchísimo a la de Gracie, pero la de Honey era más abierta y más alegre que la de su hija. No se por qué me había imaginado a la señorita Bloom como una mujer descuidada que permitía que su hija sufriera acoso escolar, un atisbo de arrepentimiento afloró en mi por haberla juzgado tan rápido. Me desprendí del sentimiento como pude y adopte mi pose indiferente cruzándome de brazos.
- Gracie me ha hablado sobre ti
y muy bien me dijo que eras un encanto de chica, con una actitud
fuerte e independiente y por lo que veo no se equivocaba. También
me habló de una tal Rachel – se giró hacia mi hermana pero yo no
comprendí que se dirigía a ella hasta que recordé su nuevo
nombre. Ninguno de los nuevos nombres me gustaba además habíamos
pasado un siglo y medio con los nombres anteriores y les pegaban más
que los nuevos.
- ¿Gracie le ha hablado de mí?
- Nina la miró sorprendida. La verdad es que era una actriz
fantástica, para un anuncio serviría y para una peli también. El
collar de plata que llevaba brilló bajo las luces del techo.
- Por supuesto, me dijo que eras
la chica más dulce que había conocido – Honey se puso la mano en
el pecho y sonrió – la verdad es que me alegra que haya conocido
a gente como vosotras, desde hacía un año la veía cabizbaja y muy
desganada y me estaba empezando a preocupar de verdad.
- Nosotros nos encargaremos de
animarla – aseguró Cenh.
Honey lo miró con una clara esperanza en la mirada.
- Gracie no me ha hablado de
ningún chico ¿estas saliendo con ella, tal vez?
- No, claro que no – nos
señaló – son mis hermanas, me aseguraré de que estén bien esta
noche. Soy Lucas.
Mírenlo, haciendo el papel de niño responsable, que monada. Seguramente eramos Nina y yo quien cuidaríamos de Gracie mientras el liga con alguna chica o se entretiene bebiendo más de la cuenta. Pero así era Cenh.
- Oh, siento haber sacado
conclusiones equivocadas – la esperanza se esfumó de sus ojos –
Es que después de aquel chico no ha salido con nadie más.
¿Gracie había estado con un chico? Oh dios mio. No me imaginaba a Gracie a manos de ningún chico, suerte que yo no había conocido a ese desgraciado que había salido con ella porque lo habría echo pasar por un examen la mar de difícil. No valía cualquier chico para mi pequeña protegida.
De pronto una bombilla olvidada emitió una débil luz tenue en mi mente y una imagen de Eidan cruzó por mi cabeza. ¿Eidan y Gracie? No podía ser pero estaba claro que se conocían de algo y había pasado cualquier cosa que les impidiera llevarse bien ahora, podría haber sido eso; una relación fallida. Las cosas empezaban a encajar poco a poco en mi mente pero había cosas que no cuadraban ¿por qué si acabaron con la relación Eidan insiste en estar protegiéndola cuando ella se pone en tensión solo de verlo? Y ¿por qué ella se comportaba de un modo tan extraño cuando el andaba cerca? ¿es que aún sentía algo por él? Las ideas se arremolinaron en mi cabeza al mismo tiempo que las dudas acudían a hacerme tirar por tierra mi pequeño descubrimiento. ``Qué más te dará si salían o no, eso a ti no te importa´´ me dijo la voz de mi mente. Y tenía razón, como siempre.
- Ya estoy, siento el retraso...
- la dulce y aniñada voz de Gracie me sacó bruscamente de mis
pensamientos.
Acababa de bajar el último escalón de las escaleras y se agarraba aun al pasamanos de madera con una sonrisa tímida ¡qué linda iba! Se había recogido su melena ondulada y rojiza con un pasador negro sus y ojos brillaban. Vestía bastante más guay que en el instituto: llevaba unos pantalones color gris que se le ceñían a sus pequeñas piernas con unas botas negras hasta las canillas, una camiseta de un rojo apagado se adivinaba bajo su chaqueta de cuero beis de su hombro colgaba un bolso pequeño.
Ni Nina ni yo llevábamos bolso ya que Cenh se había ofrecido amablemente para cargar con nuestro dinero, lo había guardado en uno de los bolsillos interiores de la chupa, a prueba de atracciones turbulentas.
- Cariño, estas estupenda –
Honey se acercó a Gracie y le dio un tierno abrazo, Gracie lo
acepto un tanto avergonzada bajando la mirada – vale, perdón me
dejé llevar por el momento.
- Vale, mamá.
Gracie se acercó a mí y me dio un besito en la mejilla hizo lo mismo con Nina y al llegar a Cenh le tendió la mano con una sonrisa, él se la estrechó firmemente devolviéndole esa sonrisa de mil vatios que hizo que se sonrojara.
- Prometeme que tendrás cuidado
¿vale? - la señorita Bloom se retorcía los dedos de las manos
inquieta.
- No se preocupe Honey, la
cuidaré como a una de mis hermanas – desplegó de nuevo esa
sonrisa. ¿Es qué pretendía deslumbrar a toda la familia? Solo
faltaba el padre... ¿Y el padre?
- No volveremos muy tarde –
inquirió Nina – antes de medianoche la tendrá de vuelta.
- Eso me deja mucho más
tranquila, Rachel.
Gracie abrió la puerta y nos invitó a salir primero, nos despedimos de Honey y por fin salimos al exterior donde una fría brisa onduló el cabello de Nina haciendo que una de sus coletas se deslizara por su espalda llegando hasta la cintura. Bajamos los escalones del porche y nos encaminamos rumbo a Fall Hall.
- Estoy muy emocionada –
exclamó Nina mirando a Gracie.
- ¿Te montarás conmigo en la
noria? Si no quieres hacerlo con alguien antes, claro.
- Por supuesto que me montaré
contigo, mis hermanos ya se habían emparejado para subir, así
que...
- Gracias, Rachel.
- No hay de qué, Gracie.
Cenh y yo intercambiamos una mirada de confusión total, Nina estaba muy rara desde que habíamos salido de casa, emocionada y un poco molesta por mi tardanza pero ahora se comportaba como si las puertas del cielo se le hubieran abierto y Gracie ruborizada caminaba al lado de Nina con la cabeza gacha y con su particular sonrisa tímida. ¿Ha qué venía tanta formalidad? Ni que se hubieran conocido hoy mismo por el amor de dios.
Seguimos caminando por las aceras, el cielo estaba ya oscuro pero aun tenía que oscurecerse mucho más para dejar que las estrellas brillaran en su eterna oscuridad.
De pronto las luces y la música retumbante captaron mi atención, luces de todos los colores brillaban con intensidad y el barullo de la masa de gente casi hacia imposible distinguir la letra de ninguna de las veinte canciones que se deslizaban a nuestro alrededor y eso que todavía no habíamos llegado.
La entrada del parque consistía en un arco enorme de metal con el nombre Fall Hall en lo alto imponente, traspasamos la entrada y entonces mi visión se inundó de gente ¿de donde demonios salían tantos adolescentes? Estaba segura que en el pueblo no podía haber tantos. Tanta gente no me intimidaba pues estaba acostumbrada a las discotecas de las grandes ciudades y en los conciertos de rock que esto a su lado se quedaba en nada pero aun así me incomodaba un poco ante tantos humanos juntos.
Cenh se colocó a mi lado y me cogió la muñeca para guiarme entre la gente, me dejé llevar, Cenh llegaba al metro ochenta confiaba en su perspectiva más que en la mía. Nina y Gracie iban dos pasos por delante directas a la noria que se alzaba en medio de el río de gente, era enorme de hierro color rojo pero los cubículos todos de dos personas estaban echos de cristal duro, es decir, que desde todos los ángulos veías vacío y la posibilidad de caer. Caminé más rápido, mi cuerpo ansiaba la adrenalina que eso le producía.
La gente se reía y charlaba a mi alrededor, si miraba hacia arriba podía ver las curvas de la montaña rusa y creía poder escuchar los gritos de la gente. La casa del miedo estaba al final donde las luces no llegaban y había una cola de gente considerable. Cenh giró a la derecha y me arrastró hasta una plataforma donde cada uno compró su entrada para subir a la noria. La entrada era un papelito de color rosa chillón con el dibujo de la noria en verde, ostentoso se le quedaba corto era horriblemente repelente.
- Al verla de cerca parece
incluso más alta – opinó Nina por encima del ruido y de la
música que a mis oídos llegaba mezclada pues en cada atracción
poseía su propio equipo de música y ninguna con la misma canción,
los estilos variaban; pop, rock, incluso creí escuchar country en
algún momento.
Alcé la vista, cierto desde aquí abajo se veía más alta. La sonrisa se ensanchó en mi cara.
- Sí, es verdad – coincidió
Gracie. - vamos a la cola.
Señaló la cola de gente esperando para subir. Nos acercamos y nos deslizamos tras la gente, los dos chicos de delante se giraron y apreciaron a Nina analizándola de arriba a bajo, luego miraron a Gracie pero mostraron escaso interés por ella entonces sus miradas volaron hasta a mí yo les aguante la mirada desafiante y ellos me sonrieron, aparté la vista haciéndoles ver que ni en sueños tendrían oportunidades con ninguna de nosotras.
Al cabo de unos minutos llegó nuestro turno pero, atención aquí, en medio de este proceso pasó algo que aun hoy me cuesta visualizarlo, resulta que yo le di la entrada al tipo calvó de mi derecha, había otro a la izquierda que también recogía entradas pero ese tenía una mata de pelo negro, pero bueno, confiada en que Cenh iba tras de mí me subí al primer cubículo vacía que vi, me senté y miré a mi alrededor fascinada por el echo de que fuera de cristal, miré hacia atrás y vi que Nina y Gracie se montaban en la contigua a esta.
Sentí que Cenh se subía y se sentaba frente a mí yo seguía mirando a Nina y Gracie que reían y hablaban como si se conocieran de toda la vida, me gustó mucho esa imagen y me alegré muchísimo de haber conocido a Gracie si yo no hubiera ido al baño esa mañana seguramente nunca le hubiera prestado atención. Por esas maravillosas coincidencias que no parecen gran cosa puedes conocer a personas que te cambian la vida.
Suspiré aun sonriendo y advertí que empezábamos a movernos, estábamos ascendiendo hacia el cielo negro de la noche. Me giré para disfrutar de la atracción con Cenh pero cuando vi a la persona que estaba sentada frente a mí, me quedé helada, la sonrisa se esfumó de la cara y los labios se me crisparon, mi respiración se aceleró sin poder evitarlo ante su pelo castaño claro y sus ojos que ahora eran verdes con ropa ancha y negra que hacía que tuviera un aspecto endiabladamente sexy. Eidan.
- ¿Qué...? - abrí la boca sin
poder encontrar la palabras que se me habían atascado en la
garganta .
- Sí, lo sé ¿vale? - se
encogió de hombros – me obligaron a sentarme aquí cuando
entregué la entrada después de ti.
- Pero, si ni siquiera estabas
en la cola – repliqué aun boquiabierta.
- Estaba justo detrás de
vosotras.
Solté un hondo suspiro de exasperación y la sensación de caer se apoderó de mi cuerpo en la bajada algo rápida de la noria sonreí sin poder evitarlo y me agarré a los dos posa manos que habían a los lados de los asientos, no podía parar de pensar que nuestras rodillas se rozaban constantemente y me estremecí reprendiéndome mentalmente por la respuesta de mi cuerpo ante su contacto. Cuando la noria empezó a subir de nuevo me sentí perdida ¿cuanto tiempo podría aguantar hay dentro con Eidan? ¿cuantas vueltas daba esa cosa? Lo miré y descubrí que me observaba.
- ¿Qué pasa? - solté lo más
borde que pude.
- Nada, es solo que no te había
visto sonreír.
- Pues no te emociones porque no
pasa a menudo.
- Me he dado cuenta pero gracias
por la aclaración.
A pesar de que él me había visto sonreír yo a él no y eso me irritaba muchísimos, es decir, un tipo odioso sabía de mi maravillosa sonrisa y yo desconocía la suya. Venga ya.
- ¿Donde esta Cenh? ¿Y con
quién va montado él? - pregunté mirando hacia a todas partes
menos a él.
- ¿Cenh? - preguntó
confundido.
- Lucas – me corregí
rápidamente. - ¿Dónde está?
- Hay atrás – señaló el
cubículo a su espalda con el pulgar sin dejar de mirarme – he
venido con Jane, una amiga, y le a tocado con él.
Me incliné a un lado para ver a la preciosidad de chica que había llevado Eidan, mi auto estima se balanceó un poco pero era a prueba de bombas, bueno con una hermana como Nina ya nada te impresiona en cuestión de belleza femenina. Pero esa chica era realmente bonita: tenía el cabello castaño cayéndole en perfectos tirabuzones sobre los hombros y la espalda, aunque iba un poco escotada para esta época del año, me imaginé que en algún momento de la noche ella diría ``tengo frío´´ y Eidan como un caballero le tendería la sudadera negra casi igual a la mía que llevaba ¡podrían pudrirse en el infierno si por mi fuera! No sabía por qué la imagen de esa chica con la sudadera de Eidan me alteró y eso me alteró aun más.
- ¡Arg! - me quejé y cerré
los ojos molesta.
- Oye, yo tampoco pretendía que
esto pasara de esta manera. Pero pasó y no podemos hacer nada para
cambiarlo, así que ya que estamos disfrutemos de la atracción.
Lo miré ceñuda pero no se lo discutí eso me parecía una buena forma de ignorarlo disfrutando a tope de la atracción. Íbamos a caer de nuevo, me preparé agarrándome fuerte a los posa manos, sentí el vértigo de momento y la adrenalina explotó en mi cuerpo al sentir que la atracción iba cada vez más rápido, me abandoné al subir y bajar, no podía evitar reírme a carcajadas por la sensación, la adrenalina siempre me producía ese efecto de reírme por simplemente eso, la sensación. Eidan se aguantó la risa una vuelta más pero no pudo más y también comenzó a reírse contagiado por la mí.
Resumiendo que dos adolescentes, uno de ellos inmortal, se estaban partiendo dentro de una noria en marcha por el chute de adrenalina. Eso sí que tiene sentido.
Eidan era el ser más irritante que había conocido pero tenía una sonrisa perfecta y asquerosamente preciosa, apreté la mandíbula para mostrar mi cara de mal genio pero no aguante mucho antes de empezar a reírme de nuevo. En medio del caos de luces, música y risas, Eidan habló.
- Oye, siento mucho que hayamos
empezado con mal pie, en fin supongo que podríamos llevarnos bien.
Vale, que estaba con la adrenalina y la fiesta por las nubes pero aun estaba en mis cabales ¿llevarme bien con Eidan Heis? ¿en serio? Estaba dispuesta a decirle que no, que jamás en la vida aceptaría pero cuando lo miré decidida la expresión que tenía me quitó el aliento: después de las risas y las sacudidas por la noria estaba irresistible con el pelo cayéndole sobre los ojos, con la media sonrisa provocativa y los ojos llameantes, juro que tuve que contenerme para no abalanzarme sobre él. Dios, que bueno que estaba. Aparté la vista como pude pero mi mirada siempre acaba trabada con la suya y me miraba intensamente.
- Sí, claro supongo que
podremos llevarnos bien – dije embobada por su intensa mirada.
- Genial – sus ojos brillaban
azules por las luces de la noria que habían cambiado de verdes a
azules y sus ojos hacían lo propio. - en realidad creo que podrías
llegar a caerme bien.
El hechizo se rompió en mil pedazos como si fuera un jarrón de cristal y se estrellara contra el suelo. ¡cerdo! ¿como qué podrías llegar a caerme bien? ¿qué se creía que era el tío más impresionante del planeta y que yo no tenía ni voz ni voto? Psss vaya idiota. Me crucé de brazos y lo miré mal, la sonrisa se desvaneció lentamente de su rostro y su actitud autoritaria volvió.
- ¿Qué te ocurre ahora? -
preguntó cansino – estas bien y al segundo siguiente estas de mal
humor... No hay quien te entienda.
- Mejor callate – mascullé.
La noria descendió suavemente y al fina se detuvo, el mismo hombre que me había cogido la entrada nos abrió la puertecita del cubículo y salí tan rápido como pude. Eidan fue tras de mi y me cogió de la muñeca.
- ¿Qué te pasa?
- Suéltame – exigí.
Él me soltó sin discutirlo pero me siguió mirando con esa expresión intensa, sentí que las rodillas se me doblaban ¿por qué tenía ese efecto en mi el único tío que me caía mal? La mala suerte me perseguía como el viento. Estaba a punto de soltarle cuatro verdades bien claritas pero recordé que había venido con mis hermanos y Gracie y aunque Eidan me había aguado la fiesta yo no tenía ningún derecho a hacer lo mismo con ellos.
- Eidan – una voz a mi espalda
hizo que me girara lo justo para ver como la tal Jane se acercaba a
él y le cogía la mano – Ha sido una pena que no pudiésemos
montar los dos juntos.
- Sí – contestó Eidan - ¿lo
has pasado bien?
- Por supuesto, Lucas es una
pasada.
- Me alegro.
Cenh apareció por detrás de mí y me posó una mano en la cintura, eso me descolocó. Solía hacer eso en las discotecas de las grandes ciudades para deshacerse de algún baboso que no me dejaba en paz ni a manotazos, pero ¿que pintaba esa actitud aquí?, en un parque de atracciones del tres al cuarto sin encanto.
- Por favor, despejen la zona –
el hombre de la mata de pelo negro nos miraba con expectación
mientras esperaba que nos largáramos y dejásemos espacio para que
la gente se subiera para su viaje en noria, los primeros de la cola
eran una pareja ¡ja! Seguro que los separaban como nos hicieron a
nosotros, pobres... no se lo esperaban.
- Lo sentimos, ya nos marchamos
– dijo Eidan dirigiéndose a la escalera de salida con la chica
aferrada a su mano.
- ¿Nos montamos en la montaña
rusa? - preguntó la chica emocionada.
Nina y Gracie acababan de salir de su cubículo y nos miraban a Cenh y a mí con confusión. Suspiré y me dejé de nuevo arrastrar por Cenh. Estaba de muy mal humor ¡estúpida parejita! Que se fueran a la montaña rusa o a donde les diera la gana. Una amiga ¡si hombre y qué más! ¿por qué no me había dicho que salía con ella? ¿es que pensaba que me iba a afectar o qué? Sería creído...
- Ha estado la mar de bien –
suspiró Nina – muy emocionante.
- Sí, la verdad es que ha
estado fenomenal – Gracie sonreía abiertamente.
- Anda, vamos – Cenh y yo
bajamos el último peldaño de las escaleras de metal - ¿sabes? Ese
tío me da mala espina.
- A mi también – asentí
mientras lo decía – no me cae nada bien.
- No me refiero a eso, es como
si... no sé, es una sensación rara lo que siento cuando él esta
cerca, es algo así como vulnerabilidad, es bastante raro.
Mi mente empezó en seguida a darle vueltas a esas palabras intentando encontrar un significado oculto bajo las palabras dichas en voz alta. Cenh, yo y Nina estábamos acostumbrados a decirnos las cosas a medias delante de los seres humanos por si las moscas, pero no encontré nada inquietante en esas palabras, miré a Nina pero estaba demasiado ocupada en mirar a Gracie para darse cuenta de nada más.
- ¿Qué tal si vamos a por un
batido? - ofreció Gracie.
- Me parece una idea genial, así
yo podré ir a comprar las entradas para la montaña rusa. - objetó
Cenh con una sonrisa apartándose de mí.
Genial. La montaña rusa ¡adrenalina a tope! Una sonrisa permanente se me encasquetó en el rostro sin preguntar pero no hice nada por borrarla, Gracie me atrapó el brazo mientras nos acercábamos al puesto de batidos.
- ¿Cómo demonios vamos a pagar
si Cenh lleva nuestro dinero? - caí en la cuenta cuando pedí el
batido maxi de chocolate.
- Yo invitó – declaró Gracie
con un billete de diez dolares en la mano. - es lo mínimo que puedo
hacer por ti Kate.
Aparté la vista hacia mi batido que descansaba en la barra y lo cogí, casi no cabía en mi mano pequeñita, Nina había pedido uno mediano de fresa y Gracie uno grande de caramelo.
Nos dispusimos a esperar a Cenh detrás del pequeño puesto apoyadas contra la pared, bebí un sorbo de mi batido. Riquísimo, por cierto y disfruté de su sabor cada segundo, me encantaba el batido de chocolate ¿se ha notado mucho? Bueno, ya me gusta de por si pero si encima es de tamaño maxi me vuelvo loca. Me apoyé en la pared al lado de Nina que hablaba con Gracie y bebía un sorbo cada no se cuantos minutos ¿qué le pasaba? ¿es qué no apreciaba el sabor? Para eso no pidas nada.
Seguí saboreando el batido cuando, de pronto los vi ¡puag! ¡hasta aquí tenía que encontrármelos! Enfrente de nosotras Courtney se reía de las idioteces de su novio y sus tres clones también rieron, Gracie dejó de hablar en cuento los vio y se acercó más a Nina, no hacia falta, en mi opinión, es decir si alguien venía a molestarla lo espantaría o moriría en el intento (cosa un tanto complicada, pero bueno) Gracie era mi protegida y punto y dios quiera que Nina no se pusiera de mal humor porque si no agarrate a lo que puedas pues no quedarían ni los restos.
De repente como si hubiera escuchado mis sádicos pensamientos se giró, su melena rubia ceniza se balanceó sobre sus hombros, se parecía más a una barbie que a una persona, su novio... ¿Ron? Le pasó una mano por los hombros en gesto posesivo y las otras tres nos miraron con desgana. Las fulminé a todas con la mirada Nina me dio un golpecito en el codo y me señaló a Gracie que asustada se apretaba contra la pared en un intento por parecer serena. Y hubiera conseguido parecerlo si las manos lo le temblasen y sus ojos no dejaran de buscar una salida... Bah pequeños detalles sin importancia.
Ron le susurró algo a Courtney al oído, ella se rió a carcajadas y luego empezaron a acercarse con paso ¿amenazante? No, esa no era la palabra ¿ridículo? Sí, esa sin duda se acercaba más a lo que estaban haciendo, las tres amigas se quedaron atrás con recelo Nina me miró nerviosa, yo se lo que estaba pensando y no lo digo porque crea que lo sé sino porque conocía a Nina mejor que a mí misma y en ese momento estaba pensando que no podíamos permitirnos llamar la atención en un parque de atracciones y menos sin Cenh para bajarles los humos. Pero yo no necesitaba a Cenh, con tipos como ellos me bastaba yo sola.
- Hola, querida Gracie – se
mofó Courtney cuando llegó a nuestra altura.
- Vaya, que ingenioso ¿has
estado pensándolo mucho? - solté con una sonrisa forzada en los
labios.
- ¿Por qué no permaneces
callada rarita? Esto no va contigo – Ron se giró de nuevo hacia
Gracie que tenía los ojos empañados por las lágrimas.
- Oye, lo siento, pero no
queremos problemas – dijo Nina con desasosiego – así que por
favor si...
- Callate ya, nos cortas el
rollo pesada de turno.
Eso fue demasiado para mí, vale que se metieran con Gracie, vale que se metieran conmigo pero ¿con Nina? La cagaron. Nina era mi hermana desde hacía dos siglos, dos siglos de convivencia, de tardes de charlas, de noches de fiesta, de ayuda sin condiciones y de ternura y abrazos cuando una más lo necesitaba, Nina era mi bálsamo, una cura para mi dolor constante sobre mi pasado y era mi diario personal, conocía su historia de memoria y aunque ella no sepa la mía nunca me ha presionado para contársela, confiaba en ella más de lo que imaginas. No era una amiga era mi hermana y la acababan de llamar ``pesada de turno´´ y eso me había puesto de mal humor, de muy mal humor. Me habían cabreado.
Permití que el batido resbalara de mi mano y se estrellara contra el suelo ¡y eso en mi es casi como pedirle a un millonario que tire todo su dinero al mar! Apreté la mandíbula tanto que me dolieron los dientes, di dos pasos hacia ellos mirando fijamente a Courtney y cuando llegué hasta a ella a pesar de las suplicas de Nina de no llamar la atención estrellé brutalmente mi mano contra su mejilla. El golpe sonó seco y fuerte algunos alrededor se detuvieron para observar la pelea que iba a desatarse a continuación Nina se acercó y me puso una mano en el brazo pero no hizo nada por pararme pues sabía de sobra que yo en ese estado no era yo. Courtney me miraba con la cabeza media girada por el bofetón y Ron se aproximó a mí con los puños en alto, no me sorprendió que ese tío no tuviera reparos en pegarle a una chica, era realmente bruto y Courtney lo descubriría pronto.
Yo no retrocedí ni un ápice, es decir había peleado unas cuantas veces y siempre sucedían dos cosas: o ganaba y le aporreaba hasta quedarme tranquila o le pegaba lo que me permitiera mi cuerpo antes de echarme a correr, pero eso era más bien lo que sucedía cuando me emborrachaba y ahora estaba totalmente despejada y enfadada... en mi opinión, mala combinación.
Me abalancé sobre el cuerpo enorme de Ron y le di el primer puñetazo en la cara sin ningún cuidado, Courtney me gritaba insultos y animaba a Ron dos pasos por detrás de su espalda, este se tambaleó un poco ante mi puñetazo pero me cogió del brazo y apretó con fuerza haciéndome bastante daño a pesar de eso sonreí y le pegué otro puñetazo esta vez en la mandíbula, Ron soltó un gruñido y me retorció el brazo.
El corro a nuestro al rededor gritaba algunos animando y otros abucheando a Ron por pelearse con una chica pero yo casi ni los escuchaba concentrada en mi próximo golpe que iba a ser en las zonas bajas él deslizó su otra mano hasta mi cuello a la vez que yo le lanzaba una patada con todas mis fuerzas, cuando mi pie lo alcanzó de lleno escuché como el aliento se le escapaba de los pulmones y aflojaba la presión sobre mi brazo, tosió y se apartó de mí intentando coger aire, algunos se rieron mientras que Courtney me miraba con ojos de neurótica se acercó a mí corriendo con los brazos extendidos en busca de mis pelos ¿en serio se creía que me iba a entretener con peleas de chicas pijas? ¡por dios! Como si tirarle de los pelos me fuera a solucionar algo. Pero no me moví esperando a que viniese para mandarle un bofetón a mano abierta para que se le quitara la idiotez de encima, a ver si eso era posible.
Pero justo en el momento en que iba a estrellarle de nuevo mi mano en su mejilla unos brazos me rodearon la cintura y me sacaron a rastras del círculo que habían montado la gente me retorcí y luche pero era inútil ¿quién demonios tenía tanta fuerza? Me giré para ver las espesas pestañas negras custodiando los, ahora, verdes ojos de Eidan que me miraban con autoridad.
- ¿Otra vez tú? - mi voz
sonaba demasiado alta, quizá por la emoción de la pelea – ya
caes pesado, tío.
- ¿Estás loca?
¿Era cosa mía o su voz sonaba preocupada?
- No, no lo estoy – estaba
prácticamente encerrada entre sus brazos ¿suena bonito? Pues no lo
es, me dolía el brazo y la cabeza me daba vueltas y el vaivén de
su cuerpo no hacia más que acelerar más mi frenético corazón. -
ahora que ya tienes la respuesta ¿podrías llevarme allí de nuevo?
- ¿Para que te líes a golpes
con Courtney y su banda? ¿sabes lo que acabas de hacer? Acabas de
tumbar al capitán del equipo del instituto, mañana van a
masacrarte.
- Pues que lo hagan, los tumbaré
a todos.
- No sabes lo que dices...
Eidan se alejaba cada vez más del lugar conmigo en volandas, su voz sonaba enfurecida y preocupada ¿es qué estaba preocupado por mí? Que tierno... si por mi fuera podía irse al tomar por saco ¿Qué le pasaba? Dejé de resistirme por dos razones: primera era claramente diez veces más fuerte que yo. Segunda, para que mentir, me encantaba el contacto de sus manos sobre mí. Estaba muy bueno y lo tenía a solo unos centímetros de distancia podría intentar seducirlo y llevármelo a la cama sin problemas pero estábamos en un pueblo y no podía escaquearme de él tan fácilmente a la mañana siguiente como acostumbraba a hacer desde hacia siglos y pasaba de verle la cara todos los días después de habernos acostado eso iba contra mi ética, sí, tengo ética aunque a veces parezca que no, la tengo. Así que me limité a mantener las manitas quietas y la mente fría para poder hablar o más bien discutir con él sin que mi mirada deambulara por su bien moldeado cuerpo revestido de negro. Maldito color que le sentaba tan bien.
- ¿A dónde demonios vamos? -
pregunté exasperada.
- A algún lugar donde no te
metas en problemas.
- Va a ser difícil – mascullé
por lo bajo.
Eidan siguió caminando, no se si había escuchado mi último comentario o no, me limité a permanecer callada imaginando la gran bronca que le iba a echar por cogerme y sacarme de allí sin previo aviso y así porque sí. Pero ¿qué se pensaba? Si se quería hacer el héroe ya podría haber llegado antes y haberse encargado él de Courtney mientras yo tumbaba a Ron. Porque ni en sueños iba a dejarle al grandullón, ni en broma.
Él se deslizaba entre la gente que a cada paso escaseaba más y más hasta que al final se detuvo en un lugar apartado detrás de la casa del miedo, me dejó en el suelo con suelo con suavidad y yo me alejé de él tanto como pude, lo miré ya con cierta distancia mientras mi cuerpo iba bajando de temperatura al estar lejos de él. Pero lo que vi no me ayudó mucho: la tenue luz de las farolas a la distancia hacía que su pelo brillara con tonos dorados y sus ojos se tornaron de un azul tan líquido que parecían gotas de agua de lluvia, sus labios mostraban una expresión seria pero tentadora. Este chico me iba a volver loca, no como el batido de chocolate, pero casi. A ver, he visto y estado con tíos impresionantes, mucho mejores que Eidan por supuesto pero ninguno era tan guapo de forma tan natural, es decir, ninguno se daba tan poca cuenta de lo atractivo que es pero Eidan era impresionante de una forma tan sutil que parecía no percatarse de ello lo más mínimo y eso me ponía de los nervios.
- ¿Qué quieres, tío pesado?
- Que no te maten.
Sonreí con ironía guardándome las cinco contestaciones sarcásticas a esa respuesta pero me mordí la lengua más que nada por no desvelar nuestro secreto. Nada nuevo.
- ¿Y por qué se supone que te
importa lo que me pase?
- Porque decidimos llevarnos
bien ¿no? Empezar desde cero y todo eso.
- Tu lo decidiste, yo no tuve
nada que ver.
Eidan puso los ojos en blanco y suspiró.
- Vale, ¿quieres engañarte? Me
parece bien pero a mí me importa la seguridad de mis amigos.
- ¿Ah, qué somos amigos? -
pregunté irónica. - hablando de amigos ¿dónde esta tu amigita
Jane?
- La verdad es que no lo sé –
miró al suelo incómodo, como si acabara de darse cuenta que la ha
dejado en algún lugar.
- Menuda cita, pobrecilla ¿cómo
se te ocurre?
- ¡Yo que sé! Simplemente te
vi peleando y me lancé a por ti antes de que te hicieran daño
¿vale?
Esa confesión sincera me dejó a cuadros ¿no quería que me hicieran daño? Eso sí que me pareció tierno, muy cursi, pero tierno al fin y al cabo. No supe que contestar así que me limité a buscar su mirada que tenía clavada en el suelo. Estaba apunto de decir algo que muy poca gente me había oído decir.
- Gracias por preocuparte –
bajé mis barreras lo suficiente para decir eso.
Él levantó la vista del suelo y me miró directamente a los ojos con intensidad ¿es qué acaso practicaba esa mirada? porque le salía genial.
- Supongo que no es nada.
No supe como seguir así que me limité a callarme y a apreciarlo a la luz tenue de las farolas. Mi mente trabajaba a toda velocidad asimilando lo que acababa de pasar, de pronto Eidan se acercó dos pasos y yo retrocedí automáticamente, lo miré con una desconfianza palpable. ¿qué demonios pretendía acercandose de esa manera tan... provocativa? ¿es que acaso no había leído mis pensamientos o qué? Mi respiración se aceleró y juro que los latidos de mi corazón se podían oír desde el otro lado del parque.
- ¿Qué estás haciendo? -
murmuré con voz fría.
Eidan dio otro paso y puso los ojos en blanco al ver que yo retrocedía.
- He visto que te cogía del
brazo – de una zancada se quedó frente a mí, no retrocedí
porque tenía la pared a menos de un metro y pasaba de quedarme
apretada contra ella y a merced de Eidan... a decir verdad no sonaba
nada mal. - dejame ver.
Entonces sucedió algo que nadie me había hecho hasta ahora sin mi permiso, claro. Eidan puso sus grandes manos sobre mis hombros y e hizo que mi sudadera resbalara hasta mis codos y se inclinó para examinarme el brazo, desde mi posición solo veía su pelo resplandeciendo a la luz.
Me mordí el labio inferior y aparté la mirada, Eidan me rozó las marcas que tenía con las yemas de los dedos ajeno a la enorme guerra entre mi cuerpo y mi mente. Mi cuerpo ansiaba una cosa pero mi mente me dictaba otra y el corazón permanecía calladito ¿por qué nunca decía nada cuando se le necesitaba?
Desgraciadamente yo nunca he sido fan de mi mente y siempre me he dejado llevar por mi cuerpo y en dos siglos te acabas acostumbrando tanto a las cosas buenas como a las malas. Vale que lo que estaba a punto de hacer era malo pero también era una bendición. ``Ah, que demonios. Al cuerno si lo tenía que ver cada día después de acostarnos pues tendría que aguantarme´´ Di un pequeño paso y me acerqué más a él su cuerpo irradiaba calor y su aroma era de lluvia, en serio olía a lluvia ¡con lo que me encantaba la lluvia! Me encantaba pasarme horas caminando bajo la lluvia, sobretodo cuando vivíamos en Manhattan. Aspiré su olor y sonreí. Eidan pareció advertir que estaba prácticamente pegada a él. Buscó mi mirada con urgencia e inseguridad pero cuando nuestras miradas se encontraron todas sus dudas se disiparon. Mi mente seguía regañandome y gritándome para que me alejara de él pero entonces me acarició el brazo y me olvidé por completo de todo. Fue entonces cuando él se inclinó para besarme. Bien hagamos una pequeña pausa ¿vale? Parad la imagen de vuestra cabeza, ya sabéis como si apretarais pause en medio de una peli con el mando a distancia. Bueno, supongo que ahora estaréis pensando ``¡van a besarse!, el tío bueno y la inmortal´´ o al menos lo hacíais hace un segundo antes de que os interrumpiera la escena ¿verdad? Decidme que sí. Pues siento decepcionaros pero no nos vamos a besar en ese momento, el la parte de atrás de una casa del miedo bastante cutre con los gritos ahogados de la gente a nuestras espaldas y la amigita de Eidan y mis hermanos pululando por hay, por no hablar de Gracie que al parecer han tenido un pasado compartido y ahora no lo puede ni ver, bueno diciéndolo así la escena no parece muy romántica y tenéis razón, no lo era en absoluto pero a mí el romanticismo no es que me importara mucho en esa situación ni a Eidan tampoco pero así están las cosas. Bueno os dejó con mi desastrosa noche de nuevo:
Eidan cada vez estaba más cerca, estaba a punto de ir al encuentro con sus labios cuando pensé ``bah, ya somos mayorcitos para saber lo que queremos. Yo le atraigo él me atrae, no sabés cuanto´´ pero entonces una vocecita, esa a la que llaman conciencia, me susurró `` Tú eres mayorcita pero él solo tiene diecisiete ¿quién dice que no se vaya a enamorar de ti´´ cuando mi cuerpo escuchó la palabra enamorar la temperatura descendió a bajo cero, me aparté antes de que Eidan juntara nuestros labios y él me miró como si no le sorprendiera que hiciera eso, como si estuviera esperando el momento.
- Emh... bueno, me largo mis
hermanos estarán preocupados y Gracie estará subiéndose por las
paredes – mentí o no, vete tú a saber.
- Entiendo, yo tengo que volver
con Jane si no se ha ido ya.
- Vale
Me cubrí los hombros con la sudadera y me giré para salir disparada de allí.
- Nos vemos mañana en el
instituto.
- Claro, nos vemos allí –
contesté sin convicción.
Me perdí entre la gente hasta encontrar a mis hermanos y a Gracie al parecer me habían estado buscando por todos lados. Nos montamos en la montaña rusa y le contamos a Cenh el incidente con Courtney y se enfadó un poco y luego se rió al escuchar que le había ganado a Ron. Vi a Eidan con Jane dos veces antes de marcharnos de Fall Hall a medianoche, el también me vio pero yo solo quería olvidar nuestro calenturiento encuentro, al menos por esa noche. Las consecuencias vendrían más tarde.
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