viernes, 24 de febrero de 2012

capítulo 2



Capítulo 2: Gracie.


  • Te quitaras los cascos al menos en clase – la voz de Cenh me llegó a través de la música rock que retumbaba en mis oídos y baje el volumen de Ipod para poder entenderlo.
  • Sí, claro – respondí y volví a enfundarme los cascos con aplomo y le diriguí una mirada de mal genio, yo y mi mal genio ¡que seriamos el uno sin el otro! Menos mal que la respuesta sonó mucho menos irónica de lo que pareció en mi mente.

Cenh, Ash, Jake, Nina y yo caminábamos rumbo al instituto, todos hablaban y reían mientras recorríamos las aceras de Cross Hall. No se lo que les hacía tanta gracia, en serio, todos iban informales pero al mismo tiempo elegantes, era extraño de explica, es decir, bueno, verás, Nina por ejemplo estaba ataviada con un vestido que le llegaba hasta las rodillas de color crema y su chaqueta ajustada a juego y tan juvenil que parecía una modelo con su pelo rubio recogido en una coleta alta y los chicos parecían estrellas de rock, no como los grupos que escucho pero algo así, iban con pantalones vaqueros rasgados y con camisetas oscuras y ese tipo de ropa les quedaba tan bien que levantaban suspiros pasaran por donde pasaran. En cambio yo había optado por dar mala impresión desde el primer día para dejar claro que no iba a llevarme bien con ningún ser del planeta y menos con un puñado de adolescentes. Así que si quería expresarme con mi ropa que mejor que lo que llevaba puesto: unos pantalones vaqueros anchos rozando el suelo, y mi sudadera abierta caía a los lados hasta mis rodillas dejando entrever una camiseta negra y la capucha enorme ocultaba la mayor parte de mi rostro los cascos negros sonaba a través de la tela gruesa de la sudadera y el Ipod descansaba en el bolsillo de mi pantalón. Todo esto en conjunto sobre mi menudo cuerpo me confería un aspecto de delincuencia pero no esa delincuencia de de quitarles caramelos a los niños o robar un par de dolares del bolso de tu abuela si no de que tu hobby sea matar conejitos y maltratar ancianos pero yo nunca he hecho ninguna de las dos cosas. He sido mala en mis docientos treinta dos años de vida pero de hay a matar conejitos y maltratar a ancianos era pasarse de cruel.

Miré a Nina, volvería locos a todos los chicos del instituto desde el primer día y no hablemos de los corazones que romperán los chicos; sobretodo Cenh .

Cenh era con el mejor chico de la familia que me llevaba sabía un poquito de mi historia pero solo un poco, apenas nada, al principio solo eramos nosotros dos, nos ayudábamos el uno al otro hasta que apareció Nina y luego los demás aún así nos seguíamos llevando de maravilla él era como mi hermano sobre protector, Ash era el infantil, Jake el impredecible, Nina la madura y yo la que pasaba de todo. Me gustaba ser esa chica que pasaba del tema e iba a su bola, así me sentía bien.

  • Casi hemos llegado ¿listos? - Nina clavó sus ojos en mí y yo asentí de un modo casi imperceptible – comportaos como mortales, no lo olvidéis.

¿Como se nos iba a olvidar? En fin, sería en plan ``hola, soy inmortal ¿sabes?´´ y contar con que al que se lo digas no te lleve de mano al psiquiatra y se lo trague. Suspiré y baje un poco el sonido de la música cuando crucé la esquina. Alcé la cabeza y me quedé petrificada, dios, era peor de lo que me había imaginado todo estaba lleno de adolescentes hormonados que reían demasiado alto y charlaban con voz demasiado potente para su edad y las chicas ¿cómo es que no tenían frío si iban prácticamente desnudas? Casi todas eran rubias pero las raíces decían que antes habían sido morenas. Traspasamos la verga y todo el mundo nos miró me sentí incómoda tanto bajo tantas miradas descaradas al máximo. Prefería una persecución de los Traidores a esta tortura y eso era ya decir mucho.

El edificio del instituto se alzaba imponente como un castillo desde los jardines que lo rodeaban, frente a nosotros había una escalera atestada de adolescentes mirándonos embobados y más allá estaba la entrada al edificio de bloques rojos al que tenía que entrar y pasarme horas ignorando al mundo, todos los presentes miraban a mis hermanos, los chicos y algunas chicas miraban a Nina con adoración y muchas chicas y unos cuantos chicos miraban a Cenh, Ash y Jake con expresiones que preferí no descifrar a mí todo el que me miraba apartaba la vista rápidamente por miedo a mis miradas fulminantes y a mi mueca de mal genio que no se veía a causa de la capucha. Subí el volumen de la música haciendo tronar al grupo que sonaba ahora que hablaba e insultaba a un actor que yo desconocía.

Seguí a los demás que subían la escalera como si fueran de la familia real sonriendo a todo el mundo, bueno sería normal, cinco adolescentes nuevos en un pueblo donde todo el mundo te conoce da que hablar ¿no? Me metí las manos en los bolsillos del pantalón y clavé mi mirada en el suelo.

  • La capucha – me susurró Nina cuando traspasamos el umbral en forma de arco de la entrada. Le leí a medias los labios y me acordé de que aun llevaba puesta la capucha.

Me quité los cascos y a continuación me sacudí la capucha que resbaló con soltura hasta mi cuello, todo el mundo que caminaba de acá para allá se giraron para mirarme y los que nos habían seguido desde las escaleras se quedaron boquiabiertos, al parecer no se esperaban que fuese una chica y menos con unos ojos tan femeninos o con el pelo tan corto e irregular. Los fulminé con la mirada a todos mientras me ponía los cascos de nuevo y subía el volumen lo justo para escuchar a través de ella. Nos dirigimos al mostrador de la derecha y dos mujeres tecleaban con afán en sus ordenadores, nos miraron un segundo, una siguió tecleando pero la otra bajita con el pelo castaño se puso en pie y nos tendió la mano uno por uno. Cuando llegó a mi dudé un momento y luego se la estreché secamente.

  • Me imagino que seréis los hermanos Hollie – sonrió.
  • Sí, exacto – respondió Cenh.
  • Ya tenemos vuestro horario preparado - rebuscó en un cajón y sacó un fajo de folios que puso sobre el teclado del ordenador – A ver... ¿Lucas, para el curso superior? - por un momento pensé que se había equivocado pero luego recordé que ese es el nombre que Cenh había escogido. Él se adelantó y cogió el papel que la mujer le tendía, ella lo miró con la boca abierta – que despiste el mío, me llamo Gretta – pero Cenh ya se alejaba por el pasillo a su primera clase. - ¿Kate para el último curso? - le arrebaté el papel a Gretta y le diriguí una mirada de despedida a los demás.

Nina agitó la mano y se giró esperando por su horario.

Me alejé de allí subiendo las escaleras justo cuando sonaba el timbre, dios mío a primera hora un lunes historia ¿por qué no nos clavan el lápiz si quieren hacernos sufrir? Historia la única asignatura que iba a aprobar por haber estado presente en más de un evento y yo lo relataría mejor que el libro, eso seguro.

En la segunda planta los ventanales derramaban los primeros rayos del sol sobre taquillas y adolescentes con cara de amargados por tener que entrar en la aulas a estudiar o lo que quiera que hagan hora tras hora, si no estudias es una pérdida de tiempo, al menos en mi opinión. Me acerqué al aula 209 donde el papel me informaba que era mi primera clase entré y me senté en uno de los últimos pupitres, Bajé el volumen de la música hasta que llegó el profesor después de lo que me parecieron un millón de alumnos humanos, ninguno se sentó en el pupitre contiguo al mío, supongo que por mi aspecto eso o que parecía que mi aura oscura los ahuyentaba.

La profesora Elisabeth entró con un mapa enorme enrollado bajo un brazo y lo colocó en el gancho que tenía la pizarra, supuse, para esos mapas. Luego nos saludó a todos con un ``buenos días´´ y empezó con la clase que iba de la separación de los estados europeos. Yo escuchaba ensimismada en mis pensamientos hasta que la profesora clavó sus ojos en mí, pensé que me haría una pregunta respecto al tema pero se limitó a mirar la lista de nombres sobre su mesa.

  • ¿Eres Kate Hollie? - me preguntó quitándose las gafas redondas.
  • Sí – contesté lo más seca e indiferente que pude.
  • Tengo un libro para ti, pensé que no habías venido y te acabo de ver – sonrió, tenía el aspecto de tener dieciocho pero tendría al rededor de los veinticinco, de todas maneras la superaba en edad.

Me levanté y bajé la cabeza mientras caminaba al centro de la clase, cogí el libro que me tendía y volví a mi sitio, escuché unas risitas y me giré a medio camino de mi sitio, la risa provenía de una chica rubia de pelo largo y ondulado y facciones de superioridad era la típica repelente popular, me miraba como si me retara a desafiarla me sonaba haber escuchado que se llamaba Courtney un nombre aún más típico que su actitud, le dediqué una mirada de asco y me senté de nuevo en mi sitio.

La hora se pasó lenta y perezosamente retorciéndose en los minutos sin querer detenerse sonó el timbre y me pareció la gloria aquel sonido estridente e indeterminado, cogí el libro de historia y lo tiré dentro de mi taquilla sin ningún cuidado. Suspiré y me apoyé en ella, necesitaba un respiro, al menos antes de segunda hora que tocaba física y química con Paul un nombre tan aburrido como la asignatura que enseñaba, en ese momento pensé que si la física y la química tenían un nombre personal sería Paul. Levanté la vista de mis enormes botas y mi mirada tropezó con la puerta del lavabo, justo el respiro que buscaba, sorteé a los alumnos y me deslicé dentro del lavabo y esperé a que tres chicas se sacaran una foto para apoyarme en los lavamanos antes de acharme agua fría en la cara y allí en medio del silencio escuche por primera vez los sollozos, alguien lloraba en el único cubículo cerrado, evidentemente se trataba de una chica. Debería haberme dado la vuelta e irme sin preocupación pero no podía, algo me retenía, quizá los jirones de mi desecha humanidad. Apreté los labios pero las palabras escaparon de mi boca.

  • ¿Hola? ¿hay alguien hay? - tan pronto como lo pregunté me sentí estúpida, claro que había alguien o si no tenía alucinaciones.

Los sollozos cesaron de golpe, dándome a entender que me metiera en mis asuntos pero al cabo de dos segundos la puerta del cubículo se abrió dejando paso a una chica incluso más pequeñita que yo, tenía los ojos azules hinchados de tanto llorar su melena pelirroja le caía en ondulaciones hasta mitad de la espalda, llevaba tejanos conjuntados con una camisa de manga larga y unas deportivas, no se parecía en nada a las otras chicas. Se secó las lágrimas con una de las mangas de la camisa y me miró con algo de miedo.

  • Lo siento – masculló, su voz era de un tono infantil y dulce.
  • Tu eres la que lloras y me pides a mi perdón, hay algo que no encaja – dije girándome para tenerla frente a frente - ¿te encuentras bien?
  • Sí, tranquila – se le escaparon varios sollozos – es que tendría que estar acostumbrada pero tengo días malos.
  • ¿Acostumbrada?
  • A los insultos y trastadas de las chicas pero...
  • ¿Qué? - pregunté perpleja, sentí que mi corazón volvía a latir - ¿Qué insultos? ¿qué trastadas?
  • Me llaman zanahoria o zorra por el pelo y luego me han tirado un chicle. – volvió a sollozar y bajó la cabeza por la vergüenza.
  • ¿Donde? - la ira comenzaba a brotar en mí ¿cómo podían hacerle eso a esta niña indefensa? Ellos tenían menos humanidad que yo.

La chica se señaló el pelo y vi el chicle enredado en uno de sus leves rizos, suspiré y la acerqué al lavamanos cogiendo un rollo de papel higiénico y me puse a la tarea de quitarle el chicle del pelo.

  • ¿Me estas ayudando?
  • ¿A ti que te parece...?
  • Gracie
  • ¿Pues a ti que te parece, Gracie?

Se quedó en silencio y yo me afané con el condenado chicle que se negaba a abandonar su pelo.

  • Oh, tengo una idea – se escapó un momento de mis manos dejándome con trozo de papel en la mano. Al poco sacó su mochila del cubículo y me dio unas tijeras. - corta.
  • ¿Segura? - pregunté mirando el mechón de pelo que le tendría que cortar.
  • Sí, vamos antes de que me arrepienta, por favor.

Sin más insistir le corté mitad del mechón y lo tiré a la papelera más cercana. Gracie era una buena persona y eso que solo había hablado con ella diez minutos ¿por qué demonios se metían con ella? Saltaba a la vista que era incapaz de matar a una mosca y era tan pequeñita que daban ganas de protegerla con tu vida.

  • muchísimas gracias, no se como agradecerte el favor.
  • No hace falta – le aseguré con una sonrisa un tanto forzada.
  • ¿Cómo te llamas?
  • Kate Hollie aunque puedes llamarme solo Kate.
  • Kate – cogió la mochila del suelo de baldosas blancas y se la colgó al hombro – gracias.
  • ¿No te cansas de decir todo el rato gracias? - le pregunté saliendo del lavabo con ella pisándome los talones.
  • Nunca me lo he planteado pero...
  • Eh – la corté – no hace falta que me digas nada era una pregunta retórica.
  • Ah, lo siento
  • Deja de pedir disculpas por todo lo que haces, eres tu quien sufre acoso escolar.

Gracie me miró y pestañeó ante mi comentario mientras andábamos por el largo pasillo, me sentía un tanto culpable por haber soltado el último comentario con tan poco tacto, bueno, no estoy acostumbrada a eso de dar rodeos y esas cosas, miré a Gracie por el rabillo del ojo y me sorprendí cuando vi su sonrisa y su mirada clavada en el suelo.

  • ¿Por qué sonríes?
  • Porque me has ayudado. - se encogió de hombros – nadie me ha ayudado desde el año pasado.
  • ¿Alguien te ayudaba el año pasado? - pregunté confusa - ¿y por qué ahora no?
  • Porque le dije que dejara de hacerlo.

Guardé silencio, no me gustaba indagar en el pasado de los demás tan poco como me gustaran que indagaran en el mío, así que cerré la boca y caminamos en silencio hasta la puerta de su clase.

  • Gracias por acompañarme.
  • No hay de qué.

Me giré para marcharme a mi clase pensando que me había pasado de amable con la chica y me juré que no volvería a pasar pero en ese momento la voz de Gracie llegó a mis oídos a través del pasillo.

  • ¿Nos veremos en la cafetería?

Me quedé un segundo más de lo necesario de espaldas y en silencio, finalmente me gire y la miré, ``debería decirle que no´´ me dije a mi misma. Abrí la boca para comunicarle mi rotunda negativa pero al parecer no estaba de acuerdo y lo que me salió fue.

  • Claro.

¡Así se hace! Dijo la voz irónica de mi cabeza, ``al parecer tienes una idea del no bastante alejada de la realidad´´ me reprendí mientras caminaba de nuevo hacia mi clase con la cabeza gacha y mi habitual mueca de mal genio. Llegué a la puerta del aula veinte minutos tarde, una parte de mi gritaba por lo que acababa de suceder y la otra indiferente a todo permanecía callada. Y yo no sabía que hacer si entrar y comerme el marrón de mi tardanza o irme a dar una vuelta por el patio hasta la hora del almuerzo y la verdad era que tenía ganas de largarme a casa más que ninguna de las opciones anteriores pero yo no me solía rendir fácilmente así que tendría que enfrentarme al sermón por llegar tarde, abrí la puerta interrumpiendo a Paul en medio de la explicación.

  • ¿Sabe usted la hora qué es? - me preguntó el profesor, ceñudo mientras la multitud de alumnos me miraban ausentes.

``He tenido siglos suficientes para aprenderlas´´ eso es lo que le hubiera contestado a cualquier otro inmortal pero dado que estábamos en frente de treinta humanos no iba a revelar nuestro secreto. No me sorprendió mucho que mi profesor Paul fuera inmortal me había encontrado con más inmortales que humanos así que uno más no me iba a escandalizar, también es verdad que ninguno de los otros miles de inmortales que conozco ejerce de profesor de física y química ¿a quién se le ocurriría? Estudiar durante siglos algo tan aburrido.

La expresión del profesor cambió al mirarme mejor, ya me había reconocido como uno de los suyos. Entre nosotros es fácil reconocernos ya que es una especie de sexto sentido... Es como si nacieras con un radar empotrado en el cerebro, por así decirlo.

  • ¿Cual es su nombre, señorita?
  • Kate Hollie.
  • Siéntese – me ordenó señalando un pupitre vacío de la segunda fila – espero que no haya una próxima vez.

Sonreí ante la cara incrédula de los alumnos pensando la reprimenda que les habría caído a ellos en mi caso, yo no tengo la culpa de que al tipo le caiga bien por el simple hecho de ser inmortal, fastidiense para nada son mortales. Me senté en el pupitre y me dediqué a mirar por la ventana de cuando en cuando o haciendo monigotes en mi cuaderno, el profesor me miraba más de lo sanamente permitido y algunas alumnas me miraban celosas, no me extrañaba, el profesor era alto, musculoso y bastante guapo aparentaba veintipocos pero por la expresión de sus ojos supuse que sobrepasaba los dos siglos de vida.

Cuando sonó el timbre me escaqueé de la clase y me pasé la tercera hora de matemáticas paseando por el aparcamiento sin ningunas ganas de volver a entrar pero en ese momento me sentí bien, es decir, sin ningún tipo de ataduras ni adolescentes por ninguna parte, podía hacerme un corte y que me sanara en unos cinco segundos sin miradas sorprendidas por todas partes. Los humanos son realmente muy fáciles de sorprender con unos cuantos trucos de magia y un tipo que sepa manejar a los perros se quedan contentos, como si nadie más en el planeta pudiera hacerlo. Si me hubiera dedicado mis dos siglos a amaestrar perros te aseguro que lo haría mejor pero no me he dedicado más que a irme de fiesta y huir tanto de las responsabilidades como de los lazos con los humanos y mi vida hasta ahora había estado lo mínimo bajo control, al menos eso creía. Estaba ensimismada en mis pensamientos cuando una voz los hizo volar en mil pedazos.

  • ¿Kate? - me giré para ver a Cenh frente a mí. - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en clase.
  • Lo sé, pero es que...
  • Vete a clase ahora mismo.
  • No.

Cenh se cruzó de brazos, ese gesto venía a significar ``no tienes remedio´´ o ``no se que hacer contigo´´ o cosas por el estilo pero yo me mantuve en mis trece, encima de que no quería venir no esperara que aguante matemáticas ¿verdad? Porque si de verdad se lo creyera sería muy gracioso ya que nunca he llegado a soportar bien esa asignatura y me negaba en rotundo, ya sabía lo básico; sumar, restar, multiplicar, dividir y hacer algunas ecuaciones, pero de hay no pasaba. No me gustaban, simplemente no las podía ver, era algo fácil de comprender.

  • Vale.
  • ¿Vale? - repetí sorprendida – ¿nada de ``si no te largas a clase veras lo que es bueno´´ o ``vale que tienes tu edad pero aquí no lo saben por lo tanto a clase´´ o cosas de hermano mayor?
    • Exacto, si no quieres ir no voy a obligarte ya me lo esperaba, llevo paseando por aquí desde hace un rato, sabía que vendrías.
    • ¿No deberías estar en clase, señor responsable?
    • Te recuerdo que soy de un curso superior. Puedo saltarme las clases cuando quiera y dado que es el primer día no creo que suponga ningún problema.
    • El primer día para ti, ellos ya están metidos de lleno en las clases te vas a atrasar.
    • Podría decirte lo mismo, Kate.
    • Pero no lo harás porque sabes que eso me pondría de mal humor.
    • Cierto. Y dios sabe que pagaría para no verte enfadada y pagaría aun más para no ser el causante de tu enfado.
    • Es una suerte que me conozcas tanto.

Dos siglos y pico de convivencia te ayudaban bastante en la tarea de conocer a una persona, recuerdo que en mis primeros años de inmortal Cenh, que en ese momento se llamaba Daniel, comenzó a gustarme pero pronto comprendí que era más cariño que otra cosa. Os voy a contar un pequeño secretillo sobre mí: en mis doscientos treinta y dos años no me he enamorado ni una sola vez. Y tu dirás, alguna vez te has tenido que enamorar, mujer, todo el mundo cae. Pues no, estuve hace unos treinta años colada por un tío también inmortal, naturalmente y salimos durante un año pero luego lo dejamos, perdón, me corrijo; Lo dejé. Simplemente me cansé y punto, de las relaciones te acabas cansando con los años pero de los rollos de una noche nunca te cansas, fijate que con mi aversión a los humanos me he acostado con unos cuantos, claro que siempre estaba lo suficiente borracha para no darme cuenta. Luego Nina me aclaraba las lagunas que me cagaban y todo encajaba, la buena de Nina siempre cuidándome. La verdad es que le debía mucho más que simples copas de agradecimiento, le debía como una casa en Marbella y un Ferrari del color que quisiera. Pero no tenía dinero para algo más que copas, se tendría que conformar.

  • ¿Cuánto tiempo piensas retenernos aquí? - pregunté después del breve silencio.
  • Yo no retengo a nadie, eres libre de irte cuando quieras.

Me quedé más sorprendida de lo que debería, sabía que tenía el derecho a irme cuando quisiera desde hace más de dos siglos pero yo los consideraba una familia, no podría dejarlos tan fácilmente y que lo dijera con una voz tan dura y fría me hizo ver que el pensaba igual que yo. Lo conocía tanto como el a mí por eso no iba a marcharme y el lo sabía mejor que nadie, pero claro que siempre dejaba abierta esa posibilidad.

  • Lo sé pero también sé que sabes que no lo haré.
  • Es una suerte que me conozcas tanto – dijo en tono burlón contrastando tanto con su tono anterior que pareció como si hubieras presionado el botón del ``buen humor´´

Lo miré con una sonrisa y justo en ese momento sonó el timbre, hora del almuerzo, es decir, más adolescentes por todas partes, suspiré y me metí las manos en los bolsillos y me puse los cascos.

  • Estaré comiendo con algunos chicos de mi clase en la cafetería si necesitas algo no dudes en decírmelo.
  • Lo sé, Cenh – sacudí la cabeza – es decir, Lucas.
  • Ya lo se, ese nombre no me pega, pero es lo que hay.

Se despidió con una mano y se alejó por el aparcamiento justo cuando los alumnos salían en grupitos de la puerta de la entrada. Le tocaba el turno de gritarme a Avril lavigne con su tema Together, mientras me dirigía a la cafetería. Vi a un montón de chicos y chicas morreándose por los pasillos, a otras maquillándose con un espejo de mano junto a la puerta, traspasé el umbral en forma de arco de la entrada y busqué la cafetería, finalmente di con una puerta doble cuadrada y normal de color azul desgastado abierta totalmente para dejar paso a adolescentes hambrientos.

Entré; todo estaba lleno de mesas que formaban un ancho pasillo que llevaba hasta el puesto de comida, me dispuse a ponerme en la cola pero vi que Nina me hacía señas y la descubrí sentada ya en una mesa con dos bandejas preparadas. Por dios, ¿cómo había llegado tan rápido? Me diriguí a ella y me senté a su lado aún un poco confusa.

  • ¿Qué tal las clases, Kate?
  • Aburridas – mascullé por toda respuesta, me resigné a quitarme los cascos y me los dejé colgando del cuello. - ¿Y las tuyas.?
  • Bastante bien – tuvo que alzar un poco la voz para hacerse oír por encima del barullo que se había formado.

De pronto vi entrar la pequeña figura de Gracie, con la cabeza gacha y pasando inadvertida hasta ponerse en la cola, después levantó la vista y me buscó con la mirada cuando sus ojos se cruzaron con los míos una sonrisa se desplegó en su rostro pero pronto desapareció y miró a los lados con miedo, como si tuviera prohibido sonreír en público.

  • ¿Quién es? - me preguntó Nina. - ¿una amiga?
  • No, ya sabes que yo no tengo nada con respecto a los humanos.
  • Pues creo que ella no piensa igual.
  • Es que, bueno, sufre acoso escolar y no puedo permitir que la toquen ¿vale? Me lo impide mi estúpida humanidad.
  • Me parece perfecto – Nina sonrió.
  • A mi no.

La cola había avanzado y Gracie ya aferraba una bandeja y escogía la comida, llenó la bandeja mayoritariamente de fruta y un plato de puré de patatas, se dio la vuelta y con la mirada clavada en la bandeja se encaminó hacia nuestra mesa, pero en ese momento entraron Courtney y sus tres amigas inseparables.`` Asquerosa víbora´´ pensé para mis adentros, no la soportaba porque me miraba por encima del hombro y se creía importante por ser la más popular.

Courtney pasó por el lado de Gracie, le dio un manotazo a su bandeja y se la estampó en la cara, la bandeja cayó al suelo y la cafetería se hundió en un silencio sepulcral, la cara de Gracie estaba manchada de puré, todo el mundo comenzó a reírse. La rabia pudo conmigo. Me levanté de un salto y estuve al lado de Gracie en dos enormes zancadas, me miraba con ojos llorosos y la sangre le brotaba del labio inferior.

  • Tú – grité señalando a Courtney – como vuelvas a tocarla te parto los dientes.

La cafetería se había sumido de nuevo en el silencio mientras contemplaban la escena, ella se giró y me miró, una expresión de sorpresa cruzó su rostro, al parecer no toleraba muy bien que alguien le amenazara con partirle los dientes.

  • ¿Tú y quien más? - se acercó, me sacaba una cabeza pero no me intimidaba ni un poquito, tenía dos siglos a mis espaldas ¿vale? Una niñata no iba a intimidarme, me había peleado con gente tres veces más musculosa que ella y había ganado. Con ella no me divertiría demasiado.
  • Con alguien como tú, me basto yo sola – me puse entre Gracie y ella protegiendo a Gracie con mi cuerpo.

Las tres amigas se pusieron junto a ella con expresión amenazante, si me peleaba con Courtney ellas no se meterían por nada del mundo, conocía a demasiadas personas falsas como para saber sus reacciones. Courtney me miró de hito en hito, y luego se rió.

  • ¿Y tú quien eres?
  • ¡Es mi hermana! - la voz furiosa de Cenh atravesó el silencio y todas nos giramos para ver como Cenh saltaba de una mesa y se acercaba a nosotras amenazante, cuando llegó me pasó un brazo sobre los hombros con gesto protector.
  • Lu-Lucas – tartamudeó ella, su expresión había cambiado a la incredulidad.
  • Ella es mi novia – dijo un chico enorme dos mesas más allá levantándose y viniendo hacia nosotros – si la tocas estas muerto.
  • Si le pones una mano encima a cualquiera de ellos tu estas muerto, imbécil – Jake y Ash se pusieron a nuestro lado. Nina se había acercado en algún momento y se había llevado a Gracie de allí, luego le daría las gracias.
  • ¿A quién has llamado imbécil? - el grandullón dio un paso hacia nosotros y todos se pusieron en guardia totalmente tensos.
  • ¡Basta! - una voz entre grave y aguda pero potente llegó desde la entrada de la cafetería.

Pensé que sería un profesor o el director pero no, solo era un chico, un chico bastante curioso: tenía el pelo castaño muy claro con destellos rubios ligeramente despeinado un poco más corto que el mío, sus ojos se me atojaron transparentes pues eran verdes pero tan flojo que se notaba que a la luz del cielo serían azules, todo dependía de donde estuviera para escoger el color de ojos. Era dos cabezas más alto que yo, lo cual vendría a ser un metro setenta y algo y su cuerpo no era muy musculoso, pero estaba bien moldeado, sus rasgos eran un tanto aniñados pero duros al mismo tiempo y ahora sus labios estaban crispados en una mueca de fastidio al acercarse al grupito que habíamos formado con nuestro numerito.

Courtney y su novio se lanzaron miradas de alarma y el grandullón retrocedió el paso que había dado.

  • Courtney, Ron – los llamó el chico - ¿es qué no podéis dejar de llamar la atención ni un segundo, joder?
  • Lo sentimos, Eidan – dijo Ron con la cabeza gacha.

¿Quién diablos era aquel chico? Con una sola frase los había acojonado a los dos. A lo mejor era experto en karate e iba dando palizas a los que se portaban mal. Estaba bueno eso saltaba a la vista, dios que si saltaba.

  • No me tenéis que pedir disculpas a mí – puntualizó aun con expresión cabreada
  • Por lo que me han dicho, Courtney te has vuelto a meter con Gracie ¿no hablemos ya de eso?
  • Sí, le pediré disculpas en cuanto la vea.

¿Dónde estaba ahora su superioridad? Me pregunté mientras una sonrisita curvaba mis labios en una sonrisa maliciosa, Cenh bajó la mano de mis hombros cuando vio la sumisión en esos dos, Jake y Ash se relajaron a mi lado al ver todo bajo control.

  • Siento que os hayáis visto envueltos en esto vuestro primer día – dijo Eidan más calmado diriguiéndose hacia nosotros. Su forma de hablar con ese tono educado distaba bastante de su forma de vestir; camiseta negra, vaqueros negros y botas de motorista negras le quedaba de muerte la ropa negra ya que contrastaba con su pelo, resaltaba sus ojos y hacía más visible su piel casi traslucida, exactamente igual que la mía.
  • No te preocupes, tío – Ash le tendió la mano en gesto amistoso, Eidan se la estrechó no muy convencido, en cierto aspecto me recordaba a mí aunque yo no era tan imponente ni rezumaba autoridad por cada poro.

Toda la cafetería volvió a lo suyo cuando Courtney y Ron se hubieron sentado. Cenh le dirigió una última mirada a Eidan antes de marcharse de nuevo a su mesa y yo me dispuse a volver a la mía pero unos dedos fuertes agarraron con suavidad mi muñeca haciéndome retroceder un paso.

  • Gracias – Eidan me miró a los ojos con firmeza. - me han comentado que fuiste tú quien defendió a Gracie, llevo dos años intentando protegerla pero se niega.

Así que era él quien la protegía hace un año, me llenó de rabia, es decir, se veía que pasaba de ella, en dos horas le habían pegado un chicle en el pelo y le habían echo sangre en el labio ¿Y el se encargaba de protegerla? Menuda trola.

  • Pues se ve, que no lo estas haciendo bien – de un tirón me desembaracé de su mano.
  • ¿Disculpa? - me miró incrédulo – llevas aquí un día, eso no te da derecho a hablar .
  • En un día me la he encontrado dos veces en apuros pero tu no estabas en ninguna parte, excepto ahora que te han llamado pero si no lo hubieran echo te aseguro de que no te habrías pasado por aquí, haber si tu ``protegida´´ se encontraba bien.

Abrió y cerró la boca sin ninguna respuesta recurrente que darme así que simplemente se alejó con la mandíbula apretada y dando zancadas enormes hacia la salida. Ceñuda me senté en la mesa a esperar a Nina y Gracie.

Nadie se metería con Gracie estando yo, ni en broma, no iba a dejar que la maltrataran más y si el juramento que me hice se rompe que se rompa, solo con ella, pero ¿qué pasaría cuando muriese? Pensé, las dudas comenzaron a inundarme la mente y el miedo me atravesó como un golpe sordo, tener una amistad con una humana era peligroso porque son tan frágiles y fáciles de matar que no tener control sobre eso nos hace sentir vulnerables. Eso si lo peor que te puede pasar es enamorarte de un humano, eso sin duda sí que era peor que la amistad, Nina me había contado cientos de veces esa historia de amor pero siempre conseguía que contuviera las lágrimas para no llorar, mi historia era un poco más fuerte que la de ella pero no podía evitar ponerme sentimental cuando la contaba y la narraba de tal forma que te parecía estar allí.

Apoyé los codos sobre la mesa y me enfundé de nuevo los cascos, olvidándome de todo.








martes, 21 de febrero de 2012

capítulo 1


Capítulo 1: Cross Hall.





Me bajé del coche a tiempo para escabullirme de la mudanza que se iba a desarrollar en un par de minutos, mi cuerpo siempre ha estado en contra de ir acarreando cajas por ahí, mi pequeño y menudo cuerpecito que hasta para cualquiera dieciséisañera sería muy poca cosa, delgado como un palillo, con pocos encantos femeninos y frágil como el cristal, en cambio mi cara era la viva imagen de la feminidad, aunque llevaba el pelo negro el como el ébano un poquito más largo que el corte de los chicos mis enormes ojos castaños claros me delataban aunque siempre mostraban una expresión irónica y mal humorada si se me conoce se me acaba cogiendo cariño. En mi cuello colgaba una tira de cuero negro que sujetaba una hebilla a modo de collar, siempre iba vestida de negro con sudaderas anchas y con capuchas con los cascos negros conectados al Ipod siempre a mi alcance listos para elevarme a la dimensión del rock o cualquier grupo que me gritara en los oídos y me impidiera pensar con claridad. No se me daba bien quedarme en silencio con mis docientos treinta y dos años a mis espaldas de muchas cosas malas y sin sentido y pocas buenas y coherentes.

Mi mente siempre acababa por retornar al pasado, como no, yo y mi tortura psicológica diaria si no tuviera esa pelea cada día difícilmente sería yo, o no estaría bien de la olla, a lo mejor lo normal era no tenerla, me dije en ese momento.

Miré a mi espalda donde el coche cada vez era más pequeño, ahora mismo parecía un guisante con cuatro hormiguitas pululando a su alrededor, cierto, empezábamos en un nuevo lugar lo eso significaba nueva identidad, o sea, cambio de nombre, de apellido de lugar de nacimiento y procedencia. En mi antiguo hogar me conocían por el nombre de Lish, que quede claro que me lo puso Ash, a mí nunca me gustó. Pero en ese nuevo lugar me iba a llamar de la forma que yo quisiera y ya tenía uno en mente: Kate, me gustaba como sonaba duro y seco, como mi actitud hacia los demás.

Ser inmortal tiene sus pros y contras, por ejemplo tenemos (al menos en mi familia) algo así como prohibido interactuar de forma constante con los humanos para ahorrarnos el mal trago de verlos envejecer y morir mientras tu estas como una rosa de hielo clavada en tu juventud y eso nos dolía mucho, por eso no nos podíamos hacer amigos de los humanos si no queremos sufrir por su inevitable muerte, así que en mi familia todos eramos como marginados de la sociedad. Solo he tenido una amiga humana en mis 232 años y cuando murió me prometí a mi misma que nunca sufriría de tal manera de nuevo. Nunca. La muerte te deja un dolor desgarrador en el pecho que se te queda grabado para siempre a modo de repuesta por burlarse de ella con la inmortalidad, quiere que sepamos que existe, a decir verdad, los inmortales podemos morir aunque es un pelín difícil si te empeñas seguro que acabas matando a alguno, o muere él o mueres tú por intentar matarlo... No te lo recomiendo. No nos intentes matar es casi imposible.

Hay inmortales repartidos por hay, somos muchos e incluso tenemos clanes ¡oh! Lo que me recuerda a algo, tengo que explicarte lo de los tipos del Super ¡qué cabeza tengo! Bien, pues esos tipos eran inmortales que están en contra de la inmortalidad ¿cómo te quedas? Porque cuando me enteré me dejó a cuadros. A ver, se llaman... ¿cómo era? Bueno, entre inmortales se suelen llamar los Traidores, ya que están en contra de su propia naturaleza y nos llevan buscando a nuestra familia y a mí desde hace un siglo por hay pero aún no tengo ni idea de por qué solo se que hay que correr y punto. A lo mejor le tiré, sin querer una copa encima a su jefe y desde entonces me la tienen jurada, vete tu a saber.

Ser inmortal no se elije, te toca y punto, naces y si no envejeces más allá de los diecinueve, tío eres de los nuestros, otro más. Si me preguntaran si me gusta ser inmortal la respuesta variaría, si me lo preguntaras cien años antes te contestaría que sí con tanto ímpetu como si la vida me fuera en ello pero si me lo preguntas ahora te contestaría que no lo sé, no se si me gusta serlo o no, yo simplemente lo soy y ya está. Cargo con lo que me echen.

Caminé por la acera adoquinada mientras las casas pasaban a mi lado, me sorprendió ver que la gente, tanto jóvenes como adultos se saludaban como si se conocieran de toda la vida... Probablemente así fuera. Me pareció de los más extraño este gesto viniendo yo de una ciudad donde nadie conocía a nadie y nadie se interesaba por nadie.

El sol despuntaba ya por el horizonte lanzando los últimos rayos del día, bañándolo todo en un color naranja tenue, como si fuera tan solo un roce de luz , los diferentes colores bailaban sobre las olas allá en la playa y se desdibujaban cada vez más a cada minuto hasta convertirse en un gris oscuro y pálido que se acabará por instalar en todo el pueblo: Cross Hall, mi nuevo lugar temporal, hasta que volvamos a pirarnos al menos.

Suspiré y subí el volumen de la música cuando reconocí la melodía, era una de las canciones que más me gustaban del grupo; Paramore con la canción Decode. La música retumbó en mi cerebro y se esparció por mi cuerpo haciéndolo vibrar, sonreí.

De pronto lo vi, a unos cuantos metros se hallaba la entrada del mini-parque de atracciones, en la ciudad habían, pero eran mucho más grandes, este contaba con una noria destartalada una casa del miedo y unas cuantas atracciones más y por supuesto lo que más se veía aparte de la notable noria era la pedazo de montaña rusa, seguro que se habían gastado todo el dinero en eso y luego para disimular pusieron las demás atracciones, sus raíles se enroscaban con bajadas visiblemente violentas y bruscas , lo único que a los inmortales nos llena de adrenalina son los parques de atracciones; encaramarte a un asiento y que sea lo que dios quiera, ya que si la atracción se estropea sale volando y tienes la mala suerte de escacharte la cabeza, mueres sin remedio, no creo ni que un inmortal sobreviviera a eso. En un cacharro de esos tenemos la posibilidad de morir y resulta excitante.

Me senté en un banco y me dediqué a mirar a la gente que pasaba, se saludaban y cuando advertían mi presencia me miraban con miedo o pasaban de mí, bueno no era de extrañar con las pintas que llevaba yo en ese momento: vaqueros cortos, camiseta , chaqueta tres tallas más grande que yo abierta, eso siempre confería a la chaqueta un cierto aire a gabardina pues casi me rozaba mis menudas rodillas, capucha y cascos encima y por supuesto mis zapatones monumentales, yo me compraba zapatos brutos y muy gruesos como si quisiera disimular mi diminuto pie. Todo eso en conjunto me daban un aire a delincuente juvenil que casi me superaba, bueno luego al mirar mis ojos y descubrir mi mirada dura solo hacía reforzar la creencia. Todo a mi alrededor parecía gritar ``¡peligro! ¡alejate pringado!´´ y por eso la gente solía abstenerse a hablar conmigo no le culpaba, es más se lo agradecía.

Cuando por fin parecí percatarme de que ya era noche cerrada decidí volver, y caminé lentamente hasta ver la imponente casa ``psss y eso que no quieren llamar la atención, ya claro.´´pensé paseando mi mirada por el mármol de los escalones, las enormes ventanas y las critaleras que se apreciaban desde fuera. Subí los cuatro escalones que conducían al porche cubierto y toqué a la puerta mientras me entretenía mirando el sillón balancín que colgaba del techo de madera blanca.

  • Eh, ¿donde te habías metido Lish? - me preguntó Nina.
  • ¿Lish? No, no, a partir de ahora me llamo Kate – anuncié con un grito entrando en la casa.
  • Pues te has escaqueado de la mudanza, Kate – me reprendió Jake sentado el las escaleras junto a Cenh.
  • Lo sé. ¿cómo os llamáis vosotros?
  • Yo soy Rachel – anuncio Nina girando sobre si misma con elegancia. - y ellos son: Lucas, Nathan y... ¿donde está Jim?
  • Arriba colocando las últimas cosas de su nuevo cuarto.
  • Por cierto, Kate te he preparado tu cuarto – Nina dio palmaditas y sonrió – espero que te guste.
  • Supongo, con tal de que tenga uno...

Jake, Cenh y Nina se miraron un momento con nerviosismo ¿qué demonios les pasaba? ¿tenía un cuarto, verdad? Me pregunté mientras les interrogaba con la mirada.

  • Han venido a darnos la bienvenida, algunos vecinos – dijo Jake.
  • ¿Tan pronto? - mascullé tirando el Ipod al sofá junto con los cascos. - Vaya cotillas.
  • Sí, eso mismo pensamos y como queremos integrarnos para que no sospechen...
  • ¿Desde cuando os importa integrarnos?
  • Desde que nos mudamos a Cross Hall, un sitio enano y unido, según los vecinos. Y hemos decidido que todos vamos a asistir al instituto del pueblo ya que no aparentamos ninguno la mayoría de edad.

Me quedé en ese estado entre la risa y el llanto ¿un instituto lleno de humanos, casi todo el día? ¡Qué chiste!

  • Sí, ya, ¡Ja! Pues vais vosotros yo ya tengo una edad y paso.
  • Todos tenemos que sacrificarnos para que los Traidores no nos encuentren.
  • ¡Ni siquiera sé por qué nos buscan! - estallé. - ¡es una locura!
  • Es normal que te asuste un poco la idea pero...
  • ¡No me asusta! - grité interrumpiendo a Nina. ¿pero qué me pasaba? yo jamas le había levantado la voz a ninguno de ellos.

Pero en el fondo de mi mente sabía por qué, no me asustaba la idea: Me aterraba. Interactuar con humanos durante horas todos los días ¿qué pasaba si alguien pretendía hacerse mi amiga y lo conseguía? ¿sufriría otra vez? ni en broma. Les hice un gesto a Jake, Cenh, Lucas o Nathan o como se llamaran, ¡estaban chalados completamente! No podían obligarme ¿a qué no? Subí las escaleras frenética por encontrar una salida. Empujé la primera puerta que encontré y entré un aroma a jabón me informó que me encontraba el el lavabo, un lavabo enorme por cierto, con grifos bañados en plata y una bañera antigua bastante chula. Me aferré a la losa de mármol que sujetaba el lavamanos y me miré al espejo con rabia. ¡tenía 232 años, no podían obligarme a ir al maldito instituto de aquel pueblucho de mierda! Cerré los puños y reprimí las lágrimas de impotencia que amenazaban cor salir. Me apreté los parpados cerrados con los dedos hasta verlo todo rojo y luego solté un grito monumental de pura frustración.

Al cabo de unos segundos tocaron a la puerta y la voz de Nina se filtró hasta mí, amortiguada tras la puerta.

  • ¿te encuentras bien? Te he oído gritar.
  • Estoy tan bien como podría estar después de la noticia.
  • ¿Pudo pasar?

Iba a soltarle ``no´´ pero me lo pensé mejor y no quería a todos en contra mío, así que solté un largo y hondo suspiro antes de contestar con voz resignada.

  • Claro, pasa.

Mi única aliada, la única que podía comprenderme un poquito era todo lo contrario a mí, contaba ya los trecientos años y tenía una melena larguísima de un rubio casi blanco y sus ojos eran los más azules que había visto aparte de el mar cristalino de las islas tropicales. Sí, he viajado mucho. Su cuerpo era esbelto y atractivo y su carácter era todo dulzura y amabilidad, es decir una chica femenina, coqueta y muy buena. Una chica perfecta. Yo era la imperfección personificada, hasta hace un año yo tenía el pelo tan largo como ella pero en uno de mis ataques de ira me hice con una cuchilla y me trasquilé el cabello hasta dejármelo como un chico pero ya me había crecido un poco más. ¿El por qué de mi ataque de ira? Ni idea. No lo recordaba ¿una noche de fiesta echada a perder? ¿qué una tía se llevara la última sudadera que quería? Muy típico mío enfadarme por cosas así.

  • Sé qué no te gusta la idea pero lo hacemos para poder quedarnos más tiempo, los Traidores nunca sospecharían de un lugar tan pequeño y apartado por eso estaremos aquí el máximo tiempo posible y ya la gente que nos vé piensa que tenemos entre quince y dieciséis tenemos que ir al instituto, no nos arriesgaremos a llamar la atención en Cross Hall.
  • No quiero quedarme, quiero largarme de aquí – mascullé aun mirándome al espejo, Nina me pasó un brazo por los hombros y me dio un dulce apretón comunicándome sin palabras que o estaba sola.
  • Lo he notado – sonrió – pero tenemos que hacerlo, por lo que somos.

``yo no lo elegí´´ pensé gritando en mi fuero interno intentando que en la mirada no se reflejara mi angustia. La ansiedad que sentía al pensar en pasar horas rodeada de humanos me ponía enferma. Respiré hondo negando tener que aceptar que nuestra única salida era enviarnos de cabeza al matadero; un sitio lleno de humanos, ávidos de cotilleos que nos harán inventar una nueva vida para callarlos... Nos harán mentir y nos harán compartir secretos mientras la confianza fluye. Me daban nauseas.

  • ¿Tenemos que hacerlo? - repetí intentando calmarme – yo no tengo porque hacerlo, ya he pasado por esto en mi época.
  • Es para proteger a la familia – puntualizó con una calma irritante – para protegerte de los Traidores.
  • ¿Por qué? Ni si quiera lo sé. - me quejé.
  • Yo no puedo contestarte a eso – me dio otro leve apretón. - tranquila, lo haremos juntas.

Nina aparentaba quince años pero cualquiera que nos escuchara hablar no dudaría de etiquetarla a ella de madura y responsable y a mí de niñata inmadura. Es demasiado tarde para pedirme que cambie, quizá un siglo atrás tal vez no me hubiera echado a reír a carcajadas si me lo hubieran pedido, no, lo más probable es que me hubiese reído y luego te habría pegado, o no, depende de como me cayeras si no me caías bien tendrías que aceptar el golpe que de seguro te llega. Sí, tuve una época agresiva.

Y luego estaba todo el tema ese de los Traidores. ¡Nadie me contaba nada! A pesar de que todos los demás componentes sabían porque nos perseguían a mi me tenían en espera, es decir, a dos velas sin ninguna información si no algo parecido a esto: ``si los ves metete una carrera y dejalos atrás porque si te pillan estas muerta´´ claro que lo de muerta no era en sentido literal... Al menos eso esperaba. Es tan difícil como doloroso matar a un inmortal y te aseguro de que no llevaba muy bien eso de sufrir así porque sí. Si no había una razón de peso no había nada que hacer.

El reflejo de Nina curvó sus labios en una sonrisa dulce y comprensiva. Ella había tenido tantos admiradores como estrellas tiene el cielo a lo largo de los años y a todos los había rechazado sin miramientos pero con palabras sutiles, pero hubo uno, hace mucho tiempo, un humano se ganó su corazón se podría decir que fue su primer amor pero, claro está murió hace ya como dos siglos, yo tenía veinte añitos cuando sucedió, solo recuerdo su cara inundada de dolor sosteniendo un cuerpo humano mientras soltaba un grito desgarrador a la luna que gobernaba el cielo. Su historia como todas las demás era horriblemente triste, al igual que la mía, es curioso, yo conocía la historia de cada uno en esa casa pero ninguno conocía la mía. Siempre me negaba a hablar de ello y nunca me permitía recordarlo.

  • Vamos, anda – me susurró.

Mi pelo irregular se meció sobre mi frente cuando sacudí la cabeza.

  • Vale, iré a ese instituto pero no esperes que sea buena – atajé. Había cambiado de idea al recordar la escena pasada pensando que sería duro para ella también.
  • No esperaba menos de mi Kate.
  • Vaya, te has acostumbrado rápido al nombre – reconocí con un rastro tenue de mi ataque de mal genio.
  • Bueno llevamos años cambiando y Kate te pega muchísimo más que Lish.
  • Cierto.
  • En realidad nunca supe porque accediste a ponértelo – sacudió sus hombros con elegancia y despreocupación al mismo tiempo, algo que era propio en ella, mientras salía del baño y me indicaba con un gesto que la siguiera.
  • Me aburría – dije por toda explicación coherente, bueno así era yo incoherente hasta la médula, sarcástica hasta la muerte.
  • Bueno, de todos modos ya está hecho: Kate y punto. - sonrió y me pareció que volvía a ser una niña, con sus mejillas sonrosadas y sus ojos sin malicia, todo pura inocencia, después de trecientos años en la tierra y todo el dolor que había sufrido eso me parecía un logro admirable.

Yo en cambio, era pura coraza, ya no me reconocía con tanta protección encima, en mi refugio de hielo, me encontraba segura y fuera de peligro. Sin dolor.

  • Como ya te he dicho, he preparado tu habitación.

Me condujo hasta una puerta de madera blanca y pomo de color oro, de la cerradura colgaba una llave del mismo material.

  • Abre – pide con más emoción de la que sentía yo en ese momento.
  • Esta bien – resignada abrí la puerta decidida a sonreír por mucho que me cueste.

Pero la sonrisa me salió sola, sin ningún esfuerzo, el cuarto era perfecto para mí, ¡como se notaba que me conocía de hacia siglos! En la cama, al otro lado de la habitación, descansabas sabanas de terciopelo negras, el suelo a cuadros blancos y negro es extendía por toda la habitación y se apartaba de golpe en la entrada del lavabo donde empezaba una sucesión de baldosas azul marino, mis sesenta y cinco discos estaban colocados alfabéticamente sobre mi enorme escritorio, donde a su lado un tocador contenía todas mis escasas pinturas para maquillarme. Solo solía maquillarme cuando salía de fiesta pero hacía dos semanas que, con todo el rollo de la mudanza no hemos podido salir a divertirnos y en el pueblo había escasas probabilidades.

  • Nina, es perfecto – me sorprendía mi misma mostrando afecto y volví a cubrirme de corazas antes de que se diera cuenta.
  • Gracias – me posó la mano en mi pelo negro y me lo revolvió con cariño, para ella era tan fácil mostrar cariño como para mí lo era imposible.
  • Estoy decidida a agradecértelo de alguna manera – dudé un momento – la próxima vez que salgamos de fiesta te pago yo las copas.
  • ¿En serio?
  • Por supuesto – dije orgullosa.
  • No rehusaré, entonces.
  • No esperaba menos – mascullé mientras me tiraba en la cama. - ¿Cuando empezamos con el infierno?
  • ¿Te refieres al instituto?
  • ¿A que otro infierno si no?
  • El lunes.

Me quedé tendida en la cama un segundo más de lo necesario intentando asimilar esa información repentina.

  • ¿Tan pronto? Eso es dentro de dos días.
  • Es lo que me han comunicado los chicos.
  • Nina...
  • Aquí soy Rachel – me interrumpió.
  • Me da igual – grité - ¿El lunes?
  • El lunes – repitió como una maldición.

Mi particular maldición con los humanos ¿no podían entenderlo? Los humanos y yo tenemos una especie de trato tácito; yo los dejo en paz ellos no me fastidian la existencia así de claro y preciso. Pero aquí parece que eso no vale. Pero como ya prometí no volveré a sufrir.




























sábado, 18 de febrero de 2012

Mis escritos :D


Prólogo: Patética persecución.





Me encontraba en medio de una persecución.

Claro, tu te imaginarás una persecución como algo así: callejones, coches de policía música retumbante y adrenalina por todo el cuerpo y con mucha suerte tendrás de perseguidor a un tío que esté bueno. Nada más lejos de mi persecución particular que rompe todos los esquemas anteriores pues la mía se desarrolla en un Supermercado, sí en un Super, de día con gente por todas partes y música de la radio sonando en los altavoces y yo escondida tras la estantería de desodorantes masculinos... ¿patético? Dímelo a mí.

De mis manos resbalaba cada dos por tres el molde de pizza que había venido a comprar hacía menos de cinco minutos y ya estaba metida en un lío. Un lío bastante gordo.

Suspiré mirando por el hueco de los desodorantes. La gente que pasaba me echaba miraditas de curiosidad o se apartaban pensando, seguramente que estaba loca de remate por estar agachada y aferrada a una estantería del Super, pero todo era cien veces más complicado que eso y hubiera dado cualquier cosa por ser lo que la gente pensaba. Mi chaqueta negra y abierta rozaba el suelo de baldosas amarillas, para ser honesta un color que no me gusta nada para los suelos del Supermercado.

Mis perseguidores eran tres y al parecer no eran lo suficientemente listos como para separarse y seguían los tres juntos en el pasillo de los licores con cara de pocos amigos y la mirada desbocada a mí se me escapó un bostezo, la verdad es que acababa de levantarme y tenía sueño, si estos tres no me daban acción no me iba a despabilar a tiempo.

De pronto, al parecer se les ocurrió la genial idea de separarse, uno se perdió entre los pasillos de los cereales otro se dedicó a buscarme en la sección de champú y el tercero venía directamente hacia mi poco logrado escondite, me incorporé lo suficiente para que no me viera y salí del pasillo casi corriendo en dirección contraria al tipo. Se reconocían fácilmente por el anillo de oro blanco que llevaban en el dedo meñique y las caras de mala leche que tenían que formaban parte ya de su encanto natural.

Me metí por el pasillo de especias intentando encontrar un plan para salir del supermercado sin que se dieran cuenta pero si salía ahora tendría que pasar por delante de sus narices y creo que llevan bien eso de no dejarse embaucar por uno de sus enemigos. Lastima.

Dejé el molde de pizza sobre una de las estanterías al lado del azafrán, mientras mi mente maquinaba en algún plan que me sacara de allí.

De pronto me pareció escuchar una maldición a mi espalda, me giré para descubrir que al otro lado del pasillo había uno de ellos que se lanzó a correr hacía mí sin dudarlo un segundo, me pareció buen momento para echar a correr yo también, ahora si que se parecía más a una persecución de verdad al menos ya estaba siendo perseguida notablemente. Pero no había tenido suerte y no era un tío bueno el que me perseguía si no uno con muy malas pulgas y cara de loco. Por un momento pensé en ir con el guardia de seguridad pero una parte de mi mente se mofó de mí ``Cómo si un guardia cualquiera pudiera hacer algo contra tres inmortales cabreados´´ le di la razón a esa parte de mi mente y corrí más rápido, el tipo gritó detrás de mí y sentí que eran ya dos los que me perseguían si el tercero me salía de frente me acorralarían. La gente se apartaba y gritaba insultos que me resbalaron como gotas de lluvia.

Solo podía arriesgarme, y lo hice, nunca he tenido un carácter precavido y me lancé por uno de los pasillos de mi izquierda y como me esperé el tercer tipo estaba allí pero me acerqué tan rápido que no esquivó a tiempo mi empujón y rodó por el suelo casi gruñendo como un perro ``pobrecillo, no será el héroe en esta persecución pero si el que me podía haber cogido y falló, sus compañeros se encargaran de ello más tarde´´

Por fin divisé las cajas registradoras más allá de los botes de refrescos y corrí aun más rápido, habían colas de gentes que no me dejaban paso y apostaría un brazo a que ninguno se detendría a ayudar a una pobre muchacha de dieciséis años y menos con la pinta que llevaba yo en ese momento una pinta que daba a entender que estaba acostumbrada a que me persiguieran y que me lo merecía. Al no ver otra opción respiré hondo y salté sobre una de las cintas llenas de la compra de la gente que me gritaba e intentaban apartar las cosas como podían, escaché algunas verduras y murmuré algo parecido a ``lo siento´´ mientras corría sobre la cinta deslizante y avanzaba poco a poco, conseguir llegar hasta el final y me caí de bruces al suelo amarillo, me levante de un saltó y me giré para ver a los tres tipos apartando a la gente a empujones ``¡Qué maleducados! Pensé con una sonrisa ``lo dice quién acaba de saltar sobre la compra de la gente´´ susurró la voz irónica de mi mente. Eché a correr mientras la sonrisa se hacía más ancha y ganaba terreno en mi rostro al ver que los dejaba atrás, salí del Super y me dediqué a perderme entre los coches del aparcamiento mientras me alejaba de allí, me puse la capucha sobre mi cabeza y me agaché hasta quedar a la altura de las ruedas de los coches que olían a asfalto más que el propio asfalto. ¿Cómo se explica eso? Ni idea.

Avancé tropezándome a menudo con mis propias piernas mientras permanecía agazapada entre las ruedas y parachoques de los coches de los clientes al los que acababa de pisotearles la compra. Irónico, muy irónico. Me incorporé lo suficiente para ver a través de las ventanillas cerradas que los tipos acababan de salir como una exhalación del Super y miraban hacia todos lados aturdidos luego se miraron unos a otros e intercambiaron un par de palabras y uno de ellos sacó un móvil, seguramente para informar de mi gran y fabulosa escapada o para insultarme, lo segundo era con creces lo más probable y me agaché de nuevo para salir del aparcamiento con zancadas enormes dada mi pequeña estatura y eché a correr hacia la calle más cercana preguntándome si me habría visto, seguro que no, estaban tan ciegos de rabia y frustración que no veían nada. Sonreí mientras caminaba a paso ligero por la calle llena de gente en la que había ido a parar, eso era lo malo de las ciudades en todos lados te encontrabas formando parte de un mar de gente, esquivé a algunas personas y avancé en sentido contrario a la avalancha de hombres y mujeres que reían, hablaban o incluso discutían. Escapé de allí en cuanto vi la oportunidad, no soportaba las aglomeraciones de gente.

Paseé por una calle ya más tranquila y suspiré al recodar que no había comprado el maldito molde de pizza que serviría para nuestro almuerzo, resignada a no perder el tiempo me desvié un poco de camino a casa y entré en una gasolinera agarré el primer molde que vi, pagué y me largué, esta vez sí: de camino a casa.

La calles parecían todas iguales y fui con más cuidado de lo normal por si acaso veía a los tipos esos de nuevo mientras el sol se derramaba por todos lados a mi alrededor y parecía reacio a tocarme pues yo seguía sintiendo en mis huesos el frío otoñal que me calaba y se instalaba en mi pecho igual que una losa de mármol. Me colgué la bolsa de plástico al hombro, algo casi imposible, y me metí las manos en los bolsillos de la chaqueta negra tres tallas más grande que yo, mi armario estaba llenas de estas.

Por fin vi nuestra casa allá a lo lejos y avancé un poco más deprisa deseosa de tirarme en el sofá y comer pizza junto con mi familia o a los que yo tomo por familia: Cenh, Jake, Ash y por último Nina, en total eramos cinco y eramos algo así como un equipo, ya sabéis los cinco contra el mundo y cosas así o igual de estúpidas, pero que suenan bien.

Salté los dos escalones que daban al porche de madera, habíamos pagado esta casa los cinco con nuestros ahorros y yo me había gastado la otra mitad de mi dinero en fiestas y ropa ancha, para mí eso era pensar con la cabeza.

Toqué a la puerta varias veces antes de que Ash me abriera con expresión somnolienta y entornado los ojos.

  • ¿Por qué no te has llevado las llaves?
  • Se me olvidaron completamente, perdona. Ya he traído la comida.

Los cuatro estaba en el salón Nina y Jake viendo la tele tirados en el sofá Cenh de pie en medio de la cocina, le tiré la bolsa con el molde en su interior desde que entré y Cenh se puso manos a la obra, Ash se tumbó de nuevo en la butaca de cuero y miró la tele con aire distraído. La salita iluminada por los rayos del sol parecía acogedora y familiar.

Atravesé la sala en cuatro zancadas y me puse en frente del televisor, todos me miraban confundidos y soltaron algunas quejas, quejas que quedaron a mitad de camino en sus gargantas cuando hablé:

- Nos han encontrado, debemos largarnos – y añadí con sorna – otra vez.

Los cuatro inmortales de la sala me miraron pidiendo explicaciones con la mirada. Suspiré y comencé a relatar.




































































viernes, 17 de febrero de 2012

Reseña de: Hades.


Por fin ha llegado la segunda parte de Halo: Hades.
La historia gira en torno a lo mismo de él primero el amor de Beth y Xavier pero este libro empieza con el día de Haloween, las chicas deciden hacer la guija pero pierden el control y hacen que el mal vuelva a instalarse en Venus Cove.


Opinión personal:

Hades me ha parecido mucho más interesante que Halo, en mi opinión esta mucho más entretenido dado que Beth se pasa la mayor parte del libro en el infierno y allí pasan muchas cosas por lo tanto engancha aún más que el primero.
Mi personaje favorito en este libro es: Jake Thor (sí, es el malo del primero) en el segundo aparece muchisímo y yo he acabado por cogerle cariño, siento debilidad por los chicos malos.
Me gustó mucho la trama y los nuevos personajes de este libro, ya no se centra tanto en el amor de Beth y Xavier si no que se centra más en la cara oculta de las cosas, a mi modo de entender, claro.
Es fácil de leer, las descripciones son bastante detalladas pero bueno. A pesar de eso se ha ganado un huequito en mis reseñas y en mi cajón, por supuesto. :)
Os lo recomiendo de buena gana.  

Reseña de: Halo


Halo empieza con la llegada de los hermanos Church a Venus Cove, un pueblecito pequeño donde todo el mundo se conoce. Cuando ellos llegan todos se fijan en ellos ya que son sencillamente perfectos por una razón son Angeles: Gabriel (sí, el arcangel) e Ivy (una serafín) Bethany, es la hermana más pequeña y por lo tanto menos experimentada de sus hermanos y sus pocas experiencias hacen que se enamore de Xavier Wood, el chico más inalcanzable de Venus Cove.




Opinión personal:

La manera de escribir de Alexandra Adornetto me parece muy bonita, detalla las cosas y hace que sean más vívidas, aunque a veces se pase describiendo. Su vocabulario me ha parecido bastante centrado y profecional (por decirlo de alguna forma)
Bien ahora ha llegado la hora de elejir a mi personaje preferido y el afortunado\a es: Xavier. Xavier es un encanto de chico, muy dulce y protector, vamos que es perfecto. Aunque nos hagamos las duras, chicas, todos queremos a un chico como él. 
Voy a confesar que cuando se publicó pase de él porque pensaba que no me iba a gustar y que el argumento no era muy elaborado, claro que me equivoqué cuando (después de pasar frente a la libreria por trigesima vez) me decidí a comprarlo y lo leí en dos días ¡engancha mucho! al menos a mí.
No es muy pesado, al principio puede que un poco ya que no pasan muchas cosas importantes pero cuando aparece Xavier y Beth entra en el instituto todo se hace más ameno y mucho más interesante.
¡Lo recomiendo de buena gana! Disfrutenlo.

reseña de Oscuridad Inmortal.


Natasya es una inmortal de cuatrocientos cincuenta y nueve años decidida a cambiar su pasado en River´edge, una comunidad de inmortales descarrilados con pasados tormentosos... casi tanto como el de Natasya pero justo cuando partece ir bien las cosas todo empieza a torcerse con la llegada de su pasado demoledor: Incy y su anterior vida.

Natasya tendrá que decidirse entre su pasado y su presente y no siempre elijirá la opción correcta.



OPINIÓN PERSONAL:

La manera de escribir de Cate Tiernan es simplemente... ¡Fantástica! me encanta la cercanía que tiene sobre el público, por lo menos yo noté esa cercanía mientras lo leía. Me reí mucho con este libro pero también me puse nerviosa... Muy nerviosa, sobretodo al final, ¡me mordí las uñas! (cosa que nunca hago, para que quede claro que es raro en mí).
Natasya es el mejor personaje sin duda y siempre bajo mi opinión. Aunque Reyn tampoco pasa desapercibido, en este segundo libro toma mucha más conciencia que en el primero, es decir, que sabes que Reyn está ahí y lo nombra bastante más que en el primero. Gracias a dios. Sinceramente ¡Quiero un Reyn! me encanta ese... Caracter tan cerrado y frío.

Este libro engancha desde el principio, es igual leíble que el primero. Muy fácil de leer, todo cuesta abajo y te quedas con ganas de más, me gusta mucho.

¡Lo recomiendo fervientemente! disfrutenlo